miércoles, 26 de marzo de 2008

Para convencerme de que todo acabará siendo poco, que los minutos pasarán trayéndome aroma de más, de que cuanto más conozco más quiero conocer. Y así embriagarme sin necesidad de mover un dedo, ni de introducir en mi cuerpo nada que acabará pasando factura si me despisto. Embriagarme, sin más, de la manera más extraña y más fantástica que voy a comparar con tantas otras que se me quedarán pequeñas.

Descubrirme, perpleja, a mí. Reflejada en el espejo de sensaciones que me recorren, encontrarme sin proponérmelo ahí, delante de mí, mirándome a los ojos mientras los suyos me sirven para verme. Estoy ahí. ¿Estoy ahí? De algún modo, soy yo. Siempre que yo quiera.

Para tirar abajo el universo. Y diseñar otro, valerme de mi espíritu creador mientras elevo cordilleras y soplo sin miedo sobre la superficie azul que cubre mis ideas. Vivir por otros. Sintiendo de manera distinta la destrucción del mismo universo.

Para comprender lo que se me brinda. Para poder ver con otros ojos, sin olvidarme de los míos. Para esuchar en silencio. Para acercarme. Y, finalmente, sonreír.

Para todo esto. Y más. Para todo ello me haces falta, incansable creador de palabras, así que no me sueltes. Yo sola no puedo.

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