sábado, 12 de junio de 2010

Ya no soy la chica de doce años que soñó de golpe cuando llenaste su cabeza de nombres, obras, recuerdos y sensaciones. Ya no lo soy, porque he crecido, pero sigo soñando con la cabeza llena de historias: más serias y creibles, pero historias al fin y al cabo, y todo el mundo sabría que sería mentira decir que a veces no sueño cosas imposibles.

Tengo grabadas en la memoria cada frase. Cada personaje. Cada punto álgido de la representación que me hacía vibrar o me libraba de la presión de soltar al texto o, simplemente por la trama, lo amaba. He tenido que aprender mucho y experimentar sensaciones que no concebía pegadas a mi piel, pero aquí está la magia. En la mentira y la falsedad que creamos de tal manera que parezcan ciertas. Una farsa, como siempre, como cuando nació esta fiebre hace miles de años.

Recuerdo a Quiteria y su mal genio, y recuerdo también la primera vez que le grité a Nacho y cómo abriste la boca porque ¡hay que ver qué mal genio tiene esta chica! Muy bien, Elena, ¡muy bien! También a la angustiada sin más sobrina del Quijote. Y a todos los personajes que me poseían cuando nos calzábamos la nariz de payaso de siempre y enmudecíamos para aprender a expresarnos sin las palabras.

Y llegaron más. Llegó Greta, Rania, Pluma Blanca, Pata Negra y el abanico de nombres enrevesados que nos dejó Bocaccio como legado y que estaban recogidos en la sencillez absoluta de Dama 1 (Giacmina, Falopina, Tessa, Myriam...).

Pero, como te dije ayer, el que verdaderamente me ayudó a crecer fue Pata Negra. De su voz ronca y su cojera conseguí construir una parte de mí a base de días tristes, lágrimas de impotencia y esfuerzo. Pero lo conseguí, lo conseguimos, y ahora soy como soy en parte por ella. En parte por ti.

Cuando alguien diga que esto no sirve para nada es que no ha hecho teatro nunca. De ninguna de las maneras: no sólo en un escenario, sino también con cualquier broma inocente una noche de risas, un momento de drama. No será consciente, pues, de la cantidad de vidas que llegamos a vivir los que actuamos -los locos que actuamos-, los sentimientos que conocemos... ¿No se erige como un privilegio la posibilidad justificada de dejar de ser tú? Completamente. Para bajar y recobrar mis sueños, mi timidez, mi futuro palpitante que me aguarda unido a este mundo. Es lo único que sé.

Eso y que ha sido tan maravilloso que no puedo estar triste. Que te echaré de menos, muchísimo, pero volveremos a encontrarnos. Porque, en realidad, buscamos la inmortalidad, y somos inmortales.

La vida... No tiene fin.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Joder .. cuanta razon tienes ! y que bonito !

Gracias a vosotros es que hoy somos como somos, Gracias a vosotros es que he sacado la loca que llevo dentro... amante de las matemáticas y de la química.. sí ! Pero teatrera hasta que ya no puede más.

Aquí se separan nuestras vidas... pero dentro de 7 años.... en fin ...




Te quiero ^^





Clau

Damned dijo...

Me acuerdo de Pata Negra :D Estuviste estupenda metida en las ropas del capitán! :)

Euforia dijo...

"Buscamos la inmortalidad, y somos inmortales"... da que pensar.

Yo no sé mucho de teatro, me cuesta mucho actuar bien, y casi nunca lo consigo. Pero admiro a las personas que consiguen SER su personaje, meterse en su alma, e interpretar su papel. :) es bonito leer todo lo que dices sobre el teatro. se aprende mucho.

Un beso