martes, 9 de noviembre de 2010

Comía con los dedos cuando todos los demás no nos atrevíamos por pudor o temor a quedar mal delante del resto de la residencia. A veces salpicaba sus jerseys de aceite y otras, simplemente, derramaba agua de su vaso o reía con la boca abierta. A cada bocado se le unían un par de miradas más.

Y había veces que, sin más, levantaba la vista y nos sonreía con amabilidad. Sin pizca de maldad. Era entonces cuando a todas se nos escapaba un suspiro de chico imposible, de cuento de princesas, de anhelo de cita perfecta.

2 comentarios:

Euforia dijo...

Sé a qué te refieres :) últimamente hablas mucho de tu vida en la residencia. No me gusta desvelar cosas, pero sé que no pasará nada :) yo estoy pensando en las residencias, cada vez falta menos.

Ánimo :)

Besos de cristal

Umiko dijo...

hii :3 me encanta tu blog!

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