martes, 14 de junio de 2011

Hacía meses que no había textos. Tampoco salidas sorpresivas ni salidas a secas. Nos movíamos en la misma rutina, que nos servía, hasta que algo dejó de funcionar en mis adentros. Cuando te preguntaba por qué ya no escribías sobre mí me contestabas con que en mi flog tampoco salías tú. Un día me encontré sin la preocupación de encontrarme en tus líneas porque había aceptado que ya no iba a estar, y adopté la preocupación más gigantesca de sopesar si quería seguir moviéndome en esa rutina contigo. Cuando fui verdaderamente consciente, me sentí un monstruo. Sopesar ya implicaba dejar de amar con la misma intensidad, pues de lo contrario no sería ni siquiera necesario.

La gente, en incluso tú, piensan que fue repentino. Que tardé una semana en tomar la decisión y otra semana en recuperarme. Sin embargo, tus labios a los seis días ya estaban en otros labios ya vaticinados, y tus labios también probaron lo que era combinar sabores el mismo día y con muchas lágrimas de por medio. Mis labios también se aventuraron, pero siguen torcidos. Torcidos en una expresión de tristeza que ya dura meses, y que a los ojos de la gente, incluso de ti, no debería existir.

Yo fui feliz como nadie. Y en mi decisión fue en parte mi suicidio. Un suicidio real, no un tanteo infame. Con la consiguiente condena de seguir viviendo con eso en la mente las veinticuatro horas del día, aparte de opiniones y comentarios ajenos que despertaban las risas de mi ser más irónico, y me hacían lamentar cuántas personas existían que todavía no sabían lo que era amar de verdad.

Yo también vi una luz. Pero como siempre mi mayor error fue creer en lo que mi mente dibujaba, y ahora me enfrento ante bocetos que no han salido de mis manos. Esto funciona así. No sólo lo hago funcionar yo. Somos dos; o lo fuimos y ahora se pelean nuestros resquicios.

2 comentarios:

Vudugh dijo...

Y también se reconcilian.

:)

Linuxii dijo...

bonita manera para sentirme identificada *-* adoro tus palabras!