martes, 5 de abril de 2016

II.

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Le sorprendió la puerta entreabierta y se lo tomó como una invitación. Las facilidades que tuvo durante el último tramo del gran torreón le hicieron sospechar que la estaban esperando. No se equivocaba. No dudó, puesto que por algo había llegado hasta allí, y cuando empujó la puerta de madera maciza su voz la recibió, áspera y venenosa, como la que tendría una serpiente si alguna vez Ictria hubiera conocido sus palabras silbantes.

- Y aquí está, la muchacha con el sol en el hombro.

Ictria no se movió. Le mantuvo la mirada desde el otro lado del gran despacho, revestido de paneles de madera blanca, y se mantuvo en guardia. Le ardían en las uñas las ganas de llevárselo por delante, pero se contuvo. Acarició con fuerza la octavilla que Marzul le había dado y que ahora guardaba en su chaleco y se dijo que debía contenerse, al menos de momento. Al menos por lo que quedaba de la Resistencia.

- ¿Qué escondes ahí?

Él se acercó hasta ella, con una rapidez inusual para su edad. Ictria se sobresaltó al notarlo tan cerca, pero no se movió, y aprovechó el recorte de distancia para estudiarlo. Había algo extraño en sus arrugas, algo que producía rechazo. Tal vez fuera su mueca de superioridad, rayana en la locura. A Ictria no le importaba; había llegado hasta allí para matarlo y estaba dispuesta a cualquier tipo de intercambio, incluso el de su propia vida. Apretó los dientes.

Él también la miró, y sonrío con suficiencia. A las comisuras de sus labios asomaban la maldad, e Ictria pudo adivinarlo relamiéndose desde el cristal del despacho observando ese mundo artificial y sin vida que había creado. El poder nublaba los sentidos, ahora lo sabía. Funcionaba de manera parecida a su rabia, aunque sabía que el veneno del poder duraba muchísimo más en la sangre.

Con un chasquido de dedos él ordenó que dos Uniformados entraran, y la agarraron para que no pudiera moverse. Él le acarició la cara y contempló su creación.

- ¿No es increíble cómo, a pesar del proceso del Cambio, la belleza de la inquilina puede todavía vislumbrarse al contemplar el rostro del hombre en el que es convertida? Sé que eras preciosa, lo sigues siendo, aunque no funcionara con tus adentros. ¿No tienes curiosidad? ¿No quieres saber por qué tu consciencia permaneció en ti a pesar de dejar atrás tu cuerpo de mujer y tomar esta nueva forma?

- No - se limitó a contestar Ictria.

- Mejor. Porque aquí nadie se lo explica. Eres la primera con la que ocurre esto, y no creas que no has levantado ampollas. Pero no temas... El sistema es demasiado perfecto, la ecuación ha sido estudiada y comprobada demasiadas veces, pequeña. No hay brecha que pueda con este mundo, con nuestro poder...

Ictria escupió y uno de los Uniformados le dio una bofetada.

- Ictria... ¿Para qué asesinar a las mujeres si puedo eliminarlas convirtiéndolas en hombres? Admítelo: es inteligencia pura. Es progreso. Es, por fin, la uniformidad natural de todas las cosas. Pero, dime, ¿qué escondes ahí?


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1 comentario:

María Stern dijo...

Me dejas intrigada :) ¡Cuánta imaginación! Seguro que lo has pensado ya, pero esto da para un libro :) ¿Has subido otras entradas sobre la misma historia? Me gustaría leerlas.
Un saludo.