viernes, 9 de junio de 2017

viernes, 19 de mayo de 2017

"¿A qué no sabes dónde he vuelto hoy?"

El amanecer nos había pillado en la carretera. Volvíamos de un fin de semana intenso de rodaje a 400 kilómetros de Madrid, y en apenas unas horas entrábamos a trabajar de nuevo. Intercambiábamos canciones mientras la oscuridad se iba manchando de rosas y azules, y fue cuando L. me habló de este disco, me contó la historia que narra y me puso esta canción, en la que nunca antes hasta ese día había reparado.


Vertical y transversal, 
 soy grito y soy cristal, 
 justo el punto medio, 
 el que tanto odiabas 
 cuando tú me provocabas aullar.

martes, 16 de mayo de 2017

La nota pegada en la puerta de la nevera.

Decía:

Yo ya no te puedo ayudar.
¿No lo recuerdas?

Y la veía cada vez que iba a calentarse la cena. Sin hambre ya.

martes, 9 de mayo de 2017

La luz.

Algún día escribiré sobre ti, pero no hoy. Probablemente tampoco mañana, y algo me hace pensar que todavía falta un tiempo para que llegue ese momento. Pero sí, escribiré sobre ti y sobre nosotros porque me sentiré feliz, invadida por esa emoción tan sencilla y honda, tan límpida y entresijada, que nos arrasa cuando estamos enamorados. Porque claro que añoro la sensación; echo de menos amar y sentir que me aman, estar en ese punto en el que el silencio se bebe y se saborea si mientras tanto se miran los ojos de esa persona.

Algún día seguiré madrugando para escribir y haré café para los dos; yo me beberé el mío desde el escritorio y dejaré el tuyo sobre la mesilla, para cuando te despiertes. Seguramente te iré despertando con algún ruido, y te revolverás mientras abres los ojillos y observas mi espalda, frente a ti, mientras mis hombros se mueven al compás del tecleo.

Algún día escribiré sobre ti, pero no hoy, porque no sería justo, ni honesto, y ni siquiera sé si sería real. Pero algún día lo haré. Te lo prometo.

Si es que uno puede hacerle promesas a personas que todavía no conoce.

sábado, 6 de mayo de 2017

El grito.

Si tú supieras
que quería gritarte que te quedaras
conmigo.

Pero no puedo. Me he encerrado en esta posición de enferma de lo racional porque así es mi escudo y no soy ni siquiera capaz de gritar a nadie que no sea yo misma (cuando nadie me escucha). Me gustaría gritarte, de verdad, avisarte de que voy a hacerlo, y hablarte de todos mis porqués, de mis sacudidas y de mis miedos.

Pero no es mi momento. O quizás sí, y prefiero pensar, razonar, que ya lo fue, y así me excuso, y sigo protegida, con un escudo que ya se resquebraja, mientras vuelvo a casa gritándo-me, hablándo-me. Como si tú estuvieras en algún lugar, escuchando, y mi grito tuviera algo de sentido.

miércoles, 3 de mayo de 2017

El despertar.

- No me puedo creer que esté sufriendo.

Lo dicen los nervios danzando en mi tripa y las agujitas de angustia que de vez en cuando acuden a mi pecho. También mi mente, que no para de pensar, y recordar, y de trazar conclusiones que hasta hoy tenían polvo.

Recuerdo la angustia como algo malo. Recuerdo esa emoción como el principio del fin, como la marca en el calendario que hizo que mi cabeza hiciera clic. Y, ahora, sin embargo...

Yo pensaba que la angustia siempre era algo malo.

Pero resulta que hoy. Ahora. Parece que estoy despertando.

El final y el principio.

- ¿Duermes esta noche conmigo? -le pregunto.
- Por supuesto. 

Hay algo en el amor que siempre me he sentido incapaz de comprender. Existe un punto en el que sólo he estado cuando me he enamorado y que ha disipado en parte mi cordura porque me he entregado por completo a ese sentimiento animal. Pero si algo he podido aprender de mis fracasos es a eliminar acepciones de mi definición personal de esta emoción, y ahora sé que en ella no tienen cabida palabras como celos, posesión, desconfianza o control. Cargo con mis historias pasadas a la espaldas pero no quiero que perjudiquen a nadie; quiero que me vertebren para que nadie a mi lado tenga que pasar por todo aquello negativo por lo que me hicieron pasar a mí. 

Miro a A. Es él, sé que es él, y tenerlo claro es como si entrara luz por una ventana que ha permanecido años tapiada.