miércoles, 22 de mayo de 2013

- Si alguna vez te hago sentir así, por favor, dame una hostia.

Y yo no puedo hacer otra cosa que mirarte y saber que nunca me vas a hacer sentir así.


miércoles, 15 de mayo de 2013

Acompáñame.

- ¿De verdad que vas a acompañarme?- preguntó él extrañado, mirándola a esos ojos claros.
- Pues claro. ¿Qué te crees?
- Entonces dame la mano y cierra los ojos. Escúchame.

Y, valiente y decidido, se la llevó bien lejos. Le enseñó los secretos mejor guardados de los bosques; la infinidad de criaturas que allí habitaban, entre raíces y ramas, agazapadas y temerosas del aparente odio del ser humano a sus frutos. Ella se aterrorizó al principio, cuando las conoció, a todas, felices de una forma triste, condenadas a permanecer escondidas en los troncos de los árboles, o donde fuera.

Más tarde escuchó atenta sus historias, y se le llenó el alma con la ilusión que todos aquellos seres otorgaban a cada palabra. En sus ojos sintió titilando las emociones, y cómo se derramaban hasta sus labios las sales que habían permanecido en sus adentros demasiado tiempo. Pero siempre estaba él, con su luz, cogiéndola de la mano e impidiendo que se cayera. Guiándola. Tuvo que despedirse de todos ellos, pero prometió que volvería, siempre que la necesitaran, y que los escondería de cualquier peligro, incluso del ser humano, al que temían tanto.

- ¿Y por qué me has pedido que te acompañara? - le preguntó ella cuando se alejaban de los bosques.
- Quería que vinieras conmigo. Que estuvieras aquí.

Ella sonrió de esa manera tan suya, tan gris, y esperó al siguiente destino.

La paseó por los océanos y los ríos, le presentó a las criaturas que habitaban las nubes, y le susurró que había muchas más, que ya ni siquiera salían a la luz, que iban muriendo poco a poco porque se habían dado por vencidas. Ella contempló la Tierra en toda su extensión, y pensó en los millones de recovecos que resbalaban a la mirada de la gran mayoría por culpa del descuido de muchos y el temor de unos pocos. Esos pocos… ¿Y si desaparecían?

- ¿Por qué?

Él no respondió a su pregunta. Simplemente la abrazó y ella sintió todo su calor, allí mismo, y decidió deshacerse de las alas de metal que arrastraba y se sintió libre, entre sus brazos. Y volvió a llorar, esta vez de verdad, aliviándose de ese quiste de tristeza que se le había ido formando en las entrañas.

Y así vio la Tierra también el primer Arcoiris, desperezándose del inesperado nacimiento, mientras la Lluvia y el Sol se abrazaban en silencio. Todavía sale, a veces, cuando el llanto de ella es tan desconsolado que él acude, una vez más, y la mece en silencio hasta que apaga sus penas. Pero ella sonríe. ¿Por qué? Porque les prometió a esas criaturas que volvería. Y cada vez que lo hace y ve que siguen en pie llora, hablándoles así, contándoles que lamenta que sigan vivas sin que nadie más pueda verlas, disfrutar de su presencia. Solamente preguntarse a qué viene este aguacero, si querrá decirnos algo, por qué parece que llueve con tanta fuerza.


NOTA: cuentecillo escrito en 2008 y recuperado hoy de casualidad haciendo limpieza de correo electrónico.

viernes, 3 de mayo de 2013

Antes no lo hacía; pero porque no me daba cuenta de que a veces es necesario. A veces me es necesario pararme a pensar y reconciliarme conmigo. Cuando noto la cercanía de la angustia o la rabia freno mis mecanismos porque ya sufrí demasiado y prefiero quedarme en silencio. Antes apenas me abandonaba al silencio y no hay mejor manera de escapar de estos ratos de esquizofrenia.

He de recordarme a mí misma, una vez más, que en esencia, si me despojaran de todo cuanto conozco, de todos cuanto conozco, sólo quedaría yo misma. Y por eso debo pararme y cuidar mi espíritu, porque al final todo se reduce a él. Todo. Hace meses aprendí que lo más importante es mantenerme sana mentalmente e íntegra, y simplemente de vez en cuando he de recordármelo a conciencia para no caer en una desesperación absurda por una persona que no soy yo.

No.

Entonces tengo que parar.

Cada uno es dueño de sus actos y por eso yo debo remitirme a los míos. Únicamente. Me costó mucho aprehender que mi vida es la única vida que me corresponde. Cuando ya no quede nada, cuando vuelva a no quedar nada, o cuando yo sienta la nada adentro, sólo quedaré yo misma. Ni siquiera seguirán está habitación y esta cama donde acabo siempre sentada mientras me reconcilio conmigo misma. Ni siquiera eso, que ahora parece tan inherente.

lunes, 22 de abril de 2013

Una de las mejores cosas es que hay cosas que sólo nosotros entendemos. Y con ello -y en ello- me quedo.

miércoles, 17 de abril de 2013

Lo he visto claro hoy en tu espalda contraída. Y lo he seguido viendo cuando tus dedos recorrían suavemente, a pasos cortos, el perfil de mi cuerpo. Contigo, en esos momentos, en una condición tan vulnerable y vergonzosa en otros espacios, me siento guapa, atractiva, bonita. Estás volviendo a darle sentido a mis palabras y al contacto de tu piel caliente yo quiero escribir miles de historias que te tienen a ti como inspiración y guía. La fuerza que inspiras al mirarme y la creencia de la que me imbuyes están volviendo a hacer que crea en mí.

Estaba observando absorta tu espalda y en el deseo de no perder esa visión lo he visto claro. Me he querido quedar en ella desnuda y entonces he sabido que soy tuya. Humana y deliciosamente tuya.

sábado, 6 de abril de 2013







What the hell am I doing here?
I don't belong here
I don't belong here.

miércoles, 3 de abril de 2013

Algo más allá.

"Tu tío se me ríe siempre, pero yo sí creo que hay algo más allá... Es simplemente lo que pienso."

Y papá se encogía de hombros. En parte me sorprendió; era algo que yo desconocía.

En días como hoy en los que me invade el desaliento y cualquier cosa y cualquier persona no causa apenas motivación en mi ser me acuerdo de ti. No sé por qué. Tal vez porque eres la persona que más me duele y por eso te echo de menos en estos momentos autodestructivos en los que parece que el dolor se acumula consciente e inconscientemente. Te echo de menos. Y no sé por qué me duele tanto hoy. Tal vez porque ayer olvidé el cumpleaños de tu hijo, aquel del que me llegó el germen cinéfilo, y eso me ha hecho pensar en que fue 17 de marzo y no te dediqué diez minutos mirando ese cielo de fuego y rememorando el atardecer de hace tres años en el que pensé que de verdad el cielo se había acabado.

Pienso que contra la ley que marca la vida no hay justicia que valga aunque sea la injusticia más visceral e interna ante la que gritamos, desgarrados, aturdidos, incapaces de aceptar que tenemos que aceptarlo. Que las personas se marchan dejando una huella pesada pero fantasma, pues de repente desaparecen y la vida sigue como si nunca hubieran estado allí.

Vuelvo a sentir ese vacío irreparable en el centro del pecho. Por qué me sigues doliendo tanto. Avanzo por la calle y se me siguen llenando los ojos de lágrimas si me golpea fuerte tu recuerdo y me siento huérfana, huérfana como lo fueron mis padres prematuramente y como nos dejaste a mi hermano y a mí tras tu marcha. Me hacen falta tus domingos por la tarde, tus meriendas a escondidas; incluso me hacen falta las palabras de tus últimos meses, temerosas, infantiles, sabedoras en lo más íntimo de que se estaba agotando algo esencial.

Por qué vuelves a mí con este ímpetu cruel. No lo entiendo, pero llevo todo el día con tu estela en mi cabeza bailando al son de las palabras de papá. En si hay más allá. Porque mientras la música me invade caminando con los ojos arrasados de mar pienso que si hay más allá espero que me estés esperando. Por favor, espérame porque sería un buen motivo para que de verdad exista algo. Algo más allá.