Los acordes me hablan de días revueltos, de estómagos del revés y de primeras veces en acostumbrarse a seguir adelante con un elemento vital menos. Cada estrofa me transporta a la desorientación casi demente en mi propio barrio, a despertarme en mitad de la noche con dolor en el pecho y a los últimos rayos de sol del invierno azotando con fuerza en las lacónicas colinas del cementerio de Torrero.
Esta vez no pregunte por qué; simplemente dejé que una parte de mí también se fuera.
Elegiste uno de los días con más atardecer, el puente entre los últimos coletazos de frío del invierno y las intentonas más adelantadas de calor de primavera. El cielo se acabó. Y todavía hoy se aloja esta desolación irresoluble e incuestionable entre mis costillas.
jueves, 28 de noviembre de 2013
Soy piel y huesos. Soy una sonrisa burlona devuelta por el espejo. Un aliento más, el pecho hinchado de vacío. Soy un fracaso que duele. Un fracaso que enseña. Soy la penúltima nota de un violín que arranca desde sus cuerdas una melodía rota. (No) soy la chica de 15 años que se enamoró casi sin razón y respiraba pasión en el invierno más frío. (No) soy la chica que se enamora. Soy los resquicios de lo que algún día fui. (Cómo pude ser) así. Soy algo diferente, evolucionado, envejecido, desganado. (Ya no) soy esa chica. Soy la misma piel y los mismos huesos. Soy la incredulidad de quien ha sentido el sufrimiento en el estómago y la tristeza profunda agazapada en lo más primigenio, sin que quisiera marcharse. Soy un verano negro y de lágrimas. Soy las cenizas de las que volví a nacer. (Todavía) soy esas cenizas barridas debajo de la alfombra más gruesa. Soy resignación, ausencia de paciencia, ausencia de impaciencia. Soledad, ansias de viajar, independencia. Soy el silencio de quien no tiene que darle explicaciones a nadie. Soy aquella que camina rápido con una maleta y que no quiere que venga a recogerla nadie al aeropuerto. Soy la que sonríe por amabilidad aunque sea un día de mierda. (Ya no) soy Tina Leone. Soy otra ilusión que parece diluirse. Soy ese espejo. Esa chica que me mira desde el otro lado. (Ya no) esa chica que me mira desde el otro lado.
Soy ausencia de carne ahora, hoy, en este segundo. De espíritu. De alma. De esperanza. Sólo piel y huesos.
"Tu tío se me ríe siempre, pero yo sí creo que hay algo más allá... Es simplemente lo que pienso."
Y papá se encogía de hombros. En parte me sorprendió; era algo que yo desconocía.
En días como hoy en los que me invade el desaliento y cualquier cosa y cualquier persona no causa apenas motivación en mi ser me acuerdo de ti. No sé por qué. Tal vez porque eres la persona que más me duele y por eso te echo de menos en estos momentos autodestructivos en los que parece que el dolor se acumula consciente e inconscientemente. Te echo de menos. Y no sé por qué me duele tanto hoy. Tal vez porque ayer olvidé el cumpleaños de tu hijo, aquel del que me llegó el germen cinéfilo, y eso me ha hecho pensar en que fue 17 de marzo y no te dediqué diez minutos mirando ese cielo de fuego y rememorando el atardecer de hace tres años en el que pensé que de verdad el cielo se había acabado.
Pienso que contra la ley que marca la vida no hay justicia que valga aunque sea la injusticia más visceral e interna ante la que gritamos, desgarrados, aturdidos, incapaces de aceptar que tenemos que aceptarlo. Que las personas se marchan dejando una huella pesada pero fantasma, pues de repente desaparecen y la vida sigue como si nunca hubieran estado allí.
Vuelvo a sentir ese vacío irreparable en el centro del pecho. Por qué me sigues doliendo tanto. Avanzo por la calle y se me siguen llenando los ojos de lágrimas si me golpea fuerte tu recuerdo y me siento huérfana, huérfana como lo fueron mis padres prematuramente y como nos dejaste a mi hermano y a mí tras tu marcha. Me hacen falta tus domingos por la tarde, tus meriendas a escondidas; incluso me hacen falta las palabras de tus últimos meses, temerosas, infantiles, sabedoras en lo más íntimo de que se estaba agotando algo esencial.
Por qué vuelves a mí con este ímpetu cruel. No lo entiendo, pero llevo todo el día con tu estela en mi cabeza bailando al son de las palabras de papá. En si hay más allá. Porque mientras la música me invade caminando con los ojos arrasados de mar pienso que si hay más allá espero que me estés esperando. Por favor, espérame porque sería un buen motivo para que de verdad exista algo. Algo más allá.
domingo, 4 de noviembre de 2012
Los días tontos en los que se nubla y llueve a ratos activan mis jaquecas. No hay uno que falla, y menos en Otoño, cuando son más abundantes. Sin embargo, abanderada de esta estación como soy, me encanta este tiempo tonto. Entre vulgar y ambiguo, una llamada a los nostálgicos del calor y los amantes del frío. La tierra de nadie de las estaciones.
Esas jaquecas me sirven de excusa para escribir remiendos y para enchufar la ducha y meterme debajo de agua casi hirviendo. Pienso que el calor me alivia y me limpia las impurezas que me han llevado a esa mueca torcida tan otoñal y paradójica. Debajo del agua caliente me permito un santuario de intimidad y desconexión que apenas dura porque -a quién intento engañar- mi mente sigue funcionando a pesar de mis intentos de ahogarla.
Intento que con el jabón se vayan mis miserias, las arrugas que se traducen en mi piel a través del alma, las palabras que escuecen. Pero no es posible. Sólo se va el tiempo, en una mezcla acuosa e inquietante que se lleva parte de mí por el desagüe. Pienso que todo se va, con mis instantes de vapor, pero en realidad se quedan conmigo. Con una soñadora de piel tiritante y mojada, a la que con más días que pasan más anquilosados, y gastados, se quedan los sueños. Sobre todo si es otoño, y tengo jaqueca.
Hablan de sueños. De
sueños de verdad. De esos que se consiguen. Desde siempre este afán mío por ver
cine y todo lo que se le parezca acaba por destruirme cuando pienso que por qué
yo no. Desde pequeña. Alimentarme de sueños hechos imágenes que son falsos,
pero que a su vez disfrazan el que realizaron todos aquellos actores. Actores o
héroes, gente con suerte, valientes, constantes, afortunados. Qué más da. El
caso es que esta sensación es maravillosa y por eso me alimento de que un día
lo conseguiré yo. Crearla, llevarla a cabo, sentirla. ¿Ilusa? Puede que sí.
¿Sincera, temperamental, dramática y tremendista? También. Pero aunque sea poco
a poco y dejándome la sangre voy a intentarlo... Por intentarlo que no quede,
¿no? Eso dicen. Seguro que eso dijeron, o decían, cuando sus padres los
llevaban a cástings, o eran ellos, o simplemente tenían una cara perfecta para
la imaginación del director. Por intentarlo que no quede. Y por poner toda la
sencillez de la que sea capaz en la película más inquietante que pueda hacer
nunca, también.
¿La mía? La mía.
Siempre es más
agradable cuando tienes una determinación.