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sábado, 9 de septiembre de 2017

La soledad.

Es como un escalofrío
que se queda.

Como si deshiciera las maletas en tu frente
y, casi sin
mirarte,
se adueñara de uno de los lados de la cama.

jueves, 20 de julio de 2017

El cumpleaños.

¿Qué escribirás?, me preguntaste. Pero yo no lo sabía. Y era cierto.

Me dije que cuando llegara el día vería si acudía a mí algo o, por el contrario, no sentía el impulso de rellenar el espacio en blanco que dejé debajo de ese título hace unos días.

Y es hoy, y acuden a mí estas ganas de viernes, que estaban ateridas en algún rincón oculto, sepultado por promesas a mí misma que hicieron mi coraza más duro; en el que ahora se mezcla el polvo con los rayos del sol que entra, formando una nube de esas que, contempladas, parecen casi polvo de materia.

No deja de ser extraño, pero quiero hacerlo. Mañana es viernes, y quiero tener estas ganas de que llegue. Supongo que, al fin y al cabo...

...aún tengo hambre.

martes, 4 de julio de 2017

El pasado.

- ¿Y tú, si pudieras volver atrás con el conocimiento que tienes ahora, cambiarías algo?

Reflexiono en silencio sobre la respuesta que él me ha dado hace unos segundos. ¿Cambiaría algo? Siempre me gusta pensar que no, que no me arrepiento de nada, pero estamos hablando de algo diferente. Lo miro y me siento protegida; sé que con él puedo hablar de estos temas porque nos entendemos, y su presencia en esa jungla de hormigón es como un oasis.

- Sí, supongo que sí -respondo al fin.- Supongo que no lucharía tanto por alguien que, a día de hoy, sé que no merecía que yo siguiera ahí.

Eso es. Es verdad.

Si pudiera volver atrás sabiendo todo lo que sé ahora, sé que lucharía más por mí y menos por quien sé que no lo merecía.

lunes, 3 de julio de 2017

La emoción.

Podría hablar de pieles y cadenas, de los cuerpos y las noches que colorean los minutos de tonos plateados y violetas. Podría hablar de tus ojos, de la forma que parecen adquirir durante tus silencios largos, esos que ocurren cerca, muy cerca, aunque alargue la mano y parezca que nunca llego a acariciarte la mejilla. Podría lanzarme a ello, supongo, asumiendo que no hay remedio, pero supongo que no estaría siendo del todo honesta.

Y, sin embargo, prefiero escribir de ti en lugar de sobre mí, prefiero volver a tus espasmos sin preguntarme si fueron los últimos, si fueron merecidos, si hago bien en sentirme bien si dejas de estar lejos.

Es como si supiera que, de un momento a otro, todo va a estallar.

viernes, 9 de junio de 2017

sábado, 6 de mayo de 2017

El grito.

Si tú supieras
que quería gritarte que te quedaras
conmigo.

Pero no puedo. Me he encerrado en esta posición de enferma de lo racional porque así es mi escudo y no soy ni siquiera capaz de gritar a nadie que no sea yo misma (cuando nadie me escucha). Me gustaría gritarte, de verdad, avisarte de que voy a hacerlo, y hablarte de todos mis porqués, de mis sacudidas y de mis miedos.

Pero no es mi momento. O quizás sí, y prefiero pensar, razonar, que ya lo fue, y así me excuso, y sigo protegida, con un escudo que ya se resquebraja, mientras vuelvo a casa gritándo-me, hablándo-me. Como si tú estuvieras en algún lugar, escuchando, y mi grito tuviera algo de sentido.

miércoles, 3 de mayo de 2017

El despertar.

- No me puedo creer que esté sufriendo.

Lo dicen los nervios danzando en mi tripa y las agujitas de angustia que de vez en cuando acuden a mi pecho. También mi mente, que no para de pensar, y recordar, y de trazar conclusiones que hasta hoy tenían polvo.

Recuerdo la angustia como algo malo. Recuerdo esa emoción como el principio del fin, como la marca en el calendario que hizo que mi cabeza hiciera clic. Y, ahora, sin embargo...

Yo pensaba que la angustia siempre era algo malo.

Pero resulta que hoy. Ahora. Parece que estoy despertando.

El final y el principio.

- ¿Duermes esta noche conmigo? -le pregunto.
- Por supuesto. 

Hay algo en el amor que siempre me he sentido incapaz de comprender. Existe un punto en el que sólo he estado cuando me he enamorado y que ha disipado en parte mi cordura porque me he entregado por completo a ese sentimiento animal. Pero si algo he podido aprender de mis fracasos es a eliminar acepciones de mi definición personal de esta emoción, y ahora sé que en ella no tienen cabida palabras como celos, posesión, desconfianza o control. Cargo con mis historias pasadas a la espaldas pero no quiero que perjudiquen a nadie; quiero que me vertebren para que nadie a mi lado tenga que pasar por todo aquello negativo por lo que me hicieron pasar a mí. 

Miro a A. Es él, sé que es él, y tenerlo claro es como si entrara luz por una ventana que ha permanecido años tapiada.

martes, 2 de mayo de 2017

La valentía.

¿Y si a veces lo valiente consiste en justamente pararse y pensar si el camino que estamos llevando es el correcto?


Una voz me dice: 
"Déjate llevar" 
Otra voz me dice: 
"Mientras puedas escapa"
(JI)

martes, 25 de abril de 2017

La invasión.

¿Qué ocurre cuando uno se siente invadido?

¿Cuando no hay ganas de dar explicaciones, y cualquier gota de energía se resume en no querer dedicar ni una palabra a aquellas personas que no las van a valorar? ¿Cómo es posible que lleguemos a extremos en los que no nos expresamos porque sabemos que el miedo, y el egoísmo, y el egocentrismo, y la pereza de quien tenemos delante van a provocar que no se esfuerce en comprender ni una sílaba?

¿Y de verdad presumimos de lo que nos distingue del resto de los animales?

(Silencio.)

lunes, 24 de abril de 2017

El amor.

Si tuvieras que elegir, ¿podrías decir cuál ha sido la historia de amor que más te ha marcado? ¿Tienes una que te haya removido de tal manera que sabes que va a ser esa siempre?

Las palabras de S, siempre tan sabio, me hicieron reflexionar sobre lo extraños que pueden llegar a ser los recuerdos. Vuelvo muchísimo sobre ellos pero es que, en definitiva, mi materia y mi forma responden en parte a esas remembranzas ocultas, agazapadas en los recovecos de mi memoria. Pero sí, vuelvo a ellos y hoy es para decir que son extraños. Caprichosos. ¿Somos nosotros los que tenemos el poder de activarlos o hay alguna fuerza que no terminamos de lograr entender que los revuelve y los pone, otra vez, delante de nuestros ojos?

Yo creo que, si hemos tenido que vivir una gran historia de amor, ya la hemos vivido. Que ya hemos experimentado esa gran historia, dada nuestra edad y nuestra experiencia. Creo que al que no le ha ocurrido algo así todavía es porque ya no le va a ocurrir.

Son extraños, primero, porque pueden actuar de barrera o de puerta. No a la vez. Si acaso, primero una, y luego la otra. Nos conforman y nos hacen saber qué es lo que nos gusta, lo que queremos para nuestra vida, y, de una manera similar pero contraria, también provocan que en ocasiones salten todas nuestras alarmas. Es cuando no queremos que algo se repita. Entonces también actúan, levantando una tapia kilométrica ante estímulos externos.

¿Crees que hay una historia que nos marca de tal manera que, todo lo que vayamos a vivir después, va a ser a través de ellas? ¿Crees que a veces amar a alguien de una manera tan única nos condena a sobrevivir a base de réplicas menos intensas de esos sentimientos?

Soy una cabezona, y por eso a veces me rebelo ante las cosas que pienso y que no quiero pensar. Puedo pasar unos días concentrada en vaciar mi mente de todas esas imágenes, esos recuerdos, pero al cabo del tiempo me reprendo y me explico a mí misma, una vez más, que hay cosas que permanecen, y tengo que aprender a convivir con ellas en calma en lugar de gastar energías rechazándolas. Porque forman parte de mí, y se van a quedar conmigo, pues así lo decidieron mis pasos.

Yo sé que el día que me muera pensaré en ellos. Sé que ellos vendrán a mi cabeza por muchos años que hayan pasado.




sábado, 22 de abril de 2017

El simbolismo.

- A mí me parece una gilipollez. Lo de los candados.
- Ya, bueno... En ese momento parecía algo divertido.
- ¿Divertido?
- Sí, no sé. Memorable. Yo era feliz cuando lo pusimos. Me gusta pensar en eso.
- ¿Qué pretendíais?
- No lo sé. Hacer algo juntos, supongo. Demostrarnos algo.
- ¿Y para eso hay que poner un candado en un puente?
- Ya...
- Es una gilipollez sin sentido.
- ¿Tú crees?
- Bueno, algo de sentido tiene. Pero no romántico.
(...)
- Pues a mí los candados sólo me recuerdan a uno que tenía mi padre para cerrar la taquilla del garaje.
- ¿Por eso no te gustan?
- (Silencio)
- No tiene nada que ver con los barrotes del puente.
- Supongo que sí. Que por eso no me gustan.