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miércoles, 15 de abril de 2015

Manchas.

Al principio fue sólo una. Pensé que no importaba. Luego vinieron algunas más y después de esas, con las que vinieron después, tuve que empezar a taparlas con la ropa que me ponía. No molestaban. Solamente las tapaba. Llegó un momento que las prendas de verano no las cubrían todas y en ocasiones tenía que colocarme un pañuelo cuando estábamos a cuarenta grados, y eso despertaba la curiosidad y la preocupación de la gente. Cuando comenzaron a subir por mi cuello y me cubrieron los rasgos, empecé a no salir a la calle. Ponía excusas. De repente se me daba demasiado bien poner excusas. Un día no logré mirarme al espejo porque no quedaba nada de mi piel sin cubrir, e intenté, de nuevo, ponerme algún tipo de excusa. Lo hice. Pero al rato me vi reflejada en el cristal de uno de los armarios de la cocina y me derrumbé. No me veía. No quedaba nada de mí. Entonces lo supe, o más bien lo comprendí, porque saberlo lo había sabido siempre. Necesité que no quedara nada de mí para darme cuenta de que me estaba perdiendo a mí misma, cubierta por todas esas manchas. La primera lágrima sincera describió un ligero cauce entre aquello en lo que se había convertido mi piel. Quise recuperarme.

Fui al baño, y dejé que corriera el agua de la ducha.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Ganas del de después.

Él ya no sale a fumar. Habrá sucumbido a la presión social o le habrá hecho caso a su hermana, que siempre le hablaba de lo amarillos que se le estaban poniendo los dientes y de que así iba a espantar a los alumnos, o igual se levantó un domingo y dijo A tomar por culo, voy a fingir que los domingos sirven de algo, o tal vez ha conocido a una mujer que puede hacerlo feliz y no quiere darle besos con lengua que le sepan a ceniza. El caso es que ha debido de dejarlo, porque ya no sale a fumar.

Ella ya no puede observarlo en la puerta de la universidad o fingir que se ha dejado algo para volver a entrar al edificio y saludarle con una sonrisa tímida e intento de me-has-pillado-despistada y acto seguido respirar y pensar que aunque odie el tabaco de sus labios el humo parece que sale más limpio. Habrá sido la puta presión social o la pesada de su hermana, no lo sabe, pero todos los días se decía que si al siguiente estaba ahí, fumando, se pararía para hablar con él y achinar los ojos con el humo del cigarro.

Pero ya no está. Ha debido de dejar el vicio, privándola a ella del suyo, porque ya no está en la puerta, como un centinela que se alimenta de nicotina a ratos, más o menos cada dos horas, o tres si tenía dos clases seguidas. Y ella no sabe por qué ha dejado de fumar, si el último día que lo vio pensó que iría hasta él, le pediría un piti y diría Acabo la universidad en dos semanas, vamos a echarnos uno juntos para celebrarlo.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Jabón.

Las sombras en los azulejos conversan. En el baño no se escucha nada más que el fluir del agua de la ducha y algún suspiro entrecortado, pero en las baldosas las espaldas de esas dos siluetas oscuras hablan, comparten, se nutren la una de la otra. Al movimiento leve de acercamiento y abrazo de los hombros se une cadenciosamente el contorno de sus cabezas, que chocan, se alejan, se besan y se agitan al tiempo que al agua caliente provoca vapor y las figuras se difuminan, pero no dejan de buscarse.

La luz recorta esos cuerpos oscuros sobre los azulejos del baño. En un baño diferente, distante de todos aquellos que únicamente se centran en un poco de jabón.

lunes, 10 de febrero de 2014

C'est fini.

- Cinco minutos más... -dijo el avestruz.

Pero, en realidad, había estado toda la noche sin poder dormir. El avestruz mentía.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Le froid

La Navidad es para las películas, susurró mientras se acomodaba bajo las mantas. La cama seguía igual de vacía que los meses anteriores.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Periodismo.

Ahora es monologuista. De tanto reírse de su futuro negro en la cola del INEM, al final acabaron pagándole por ello.

viernes, 29 de noviembre de 2013

- ¿Por qué has venido ahora? ¿No habíamos quedado luego?

Se pone una camiseta con torpe rapidez. Es la primera que ha pillado, pero ni le da tiempo a mirarla. Piensa en peinarse un poco pero acaba concluyendo que eso va a provocar que parezca todavía más estúpido. Espera su respuesta mientras le late el pulso en las sienes con ese frenesí de una situación incómoda y que le llena a uno de culpabilidad. Incómodo y lleno de culpabilidad, en eso se ha quedado el orgasmo.

- Ya. Pero prefería venir ahora. Ya me marcho.

Ella abre la puerta de casa y antes de que pueda irse él sale a su paso y le corta el paso.

- ¿Por qué? ¿Pero qué cojones haces?

Ella sonríe ligeramente. Es una sonrisa amarga pero entera. Una sonrisa que no esconde nada.

- Quería ver esa vergüenza. Quería ver cómo la sentías. Así puede ser que la próxima vez que me eches en cara que me tiro a otros mientras intentamos arreglarnos te lo pienses dos veces y recapacites. Y al menos te calles. Porque si tienes dos dedos de frente, y sé que los tienes, sabrás que sé que no puedes exigir nada que tú no quieres ofrecer. Ahí está tu problema. En que crees que no tienes dueño pero que, ante todo, sigues siendo el mío. Cuídate. Y mis cosas puedes quedártelas-. Rápido vistazo. - Incluida esa camiseta; te queda a ti mejor.

Y se va. Él, perplejo entre el salón y la cocina, se rasca la cabeza mientras en su pecho se va abriendo un vacío hondo, lacerante, implacable. De su ensimismamiento lo saca otra voz femenina; esta segunda proviene del dormitorio.

- ¿Qué ha pasado? ¿Qué quería esa loca?

viernes, 29 de marzo de 2013

Despedida.

Se puso su mejor minifalda y se marcó con inusual precisión la raya negra de los ojos. Sólo para mirarlo fijamente unos segundos y que su mirada dijera

No voy a volver a ser tuya nunca.

jueves, 21 de marzo de 2013

- Era una canción chunga, ¿vale? Estaba caminando por la calle escuchándola como tantas otras veces pero nunca había reparado en lo que decía. Hablaba del amor que no es amor, ¿sabes? La cantante gritaba casi desgarrada que la estaban utilizando, que se iba a plantar, que no iba a dejar que volviera a pasar nunca, que iba... que iba-ba a ser fuerte. Fuerte. Lo decía, ¡lo decía varias veces! Que sería más fuerte y más valiente. Creo que decía eso, porque es una canción en inglés y a veces parece que las entiendo pero las palabras dicen algo diferente a lo que yo pienso. Bueno, es igual, es igual... El caso es ese, que la tía estaba jodida, jodida de verdad, y por eso cantaba así. ¿Y sabes en qué pensé? Joder, ¡pensé en mí! En mí y en ti, me cago en todo. ¿Cómo va a ser amor si oigo una canción de una tía puteada y pienso en nosotros? Me sentí horrible por pensarlo, pero no me lo pude quitar de la cabeza. No la volví a escuchar pero resonaba la música, y la letra, en mi cabeza. Dios... No se callaba. ¡No se callaba! Pero, ¿por qué de repente? ¿Por qué no me había dado cuenta antes? Vaya mierda. La tía jodida era yo, ¿entiendes? La que era utilizada, a la que le mentían y a la que le daban hostias por todas partes. Joder, joder... ¡Joder, que era yo! ¡Yo! Entendí que me estabas jodiendo, pero lo peor es que yo me había dejado durante tantísimo tiempo... ¿Lo entiendes ahora? Lo entiendes, ¿verdad? Tienes que entenderlo. La tía de la canción era yo...

Llegó un momento en el que su respiración nerviosa fue más fuerte que su confusa voz. La tía jodida de la canción era ella. Intentó calmarse, pero no pudo. Se miró las manos, encarnadas, cubiertas del rojo más intenso. Casi lo sentía palpitar todavía muerto en sus palmas. Se peinó, nerviosa, llenándose el cabello de esa sangre. Pero, de pronto, sonrió, río, se cubrió de carcajadas. El silencio le había revelado algo.

Había dejado de escuchar esa canción en su cabeza.

sábado, 2 de marzo de 2013

Operación a corazón abierto.

Odio los hospitales. ¿Te acuerdas, Laura? Aquí fue donde me lo dijiste. En medio de toda esta luz artificial. Me miraste con tus pupilas vidriosas y me contaste que ya no aguantabas más, que habías esperado hasta ese momento y que ya no podías más con nada de esto. Cómo llorabas, Laura, mientras yo apenas podía moverme. El eco de tus pasos alejándose acabó en el pitido incesante que testimoniaba cruelmente que todo iba bien. Noté una quemazón en el punto exacto donde esa herida salvavidas me iba a dejar una cicatriz durante el resto de mi existencia. Me dolía el corazón. Los médicos me dijeron que era normal, que mi cuerpo debía adaptarse; pero yo supe que fuiste tú, Laura. Fuiste tú. Esperaste a que me trasplantaran un corazón nuevo para arrancarlo con tus uñas, sano, y llevártelo contigo para siempre.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

- No quiero creer en las señales.
- ¿Por qué?
- Porque para mí nunca se cumplen.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Eskimo kisses.

Alguien me dijo una vez que creía que se llamaban así porque, tan abrigados como estaban por el fuerte frío, sólo les quedaba al aire la piel de la nariz. Y juntaron sus narices a falta de labios congelados.

Pero yo no estoy de acuerdo. Creo simplemente que dos personas en uno de sus besos terminaron por juntar sus frentes y mirarse fijamente a los ojos. Casi de soslayo, con las cabezas ligeramente inclinadas, bebiendo de sus pupilas durante un pequeño instante. Y entonces viéndolas tan cerca rozaron sus narices con lentitud, besándose de una manera diferente y sin dejar de mirarse.

Y, por casualidad y nada más, esas dos personas eran esquimales.

sábado, 8 de septiembre de 2012

- Qué bien hueles. ¿Qué colonia llevas?
- Una de verano que me gusta mucho.
- Qué curioso...
- ¿Por? ¿Es la misma que la tuya?
- No. Porque vas perfumada de verano y sin embargo siempre eres invierno. 

jueves, 7 de junio de 2012

Cuando a los labios acude un Te echo de menos se mezcla la melancolía que esas palabras encierran con la dicha silenciosa de haber sentido algo que te lleve a ese punto vital. El de la añoranza.

Pero quien no echa de menos es imposible que se pueda sentir vivo. Echar de menos implica haber amado o estar haciéndolo aún a distancia. Un matiz positivo en esa frase a veces tan punzante y adversa. Pero no siempre se echa de menos lo que se ha tenido; es lícito también echar de menos lo que se tiene. Y yo la echo de menos a ella.

Porque su presencia balsámica fue la que me salvó en mis inicios madrileños. Ella será siempre mi primera y mi última llamada. Hemos llegado a un punto en el que nos llevamos en la sangre y aunque las horas y los días pasen sin saber nada la una de la otra siempre está el retorno, y siempre están sus brazos si busco refugio. Como siempre le digo, hay veces en las que yo la tengo que querer por las dos, pero espero que ella sea consciente de que eso también ocurre para conmigo.

Cuando llegué a un punto de confusión y tristeza tal que pude sentir que me hundía en el entumecimiento, ella fue mi constante. Siempre es mi constante. Siempre está, siempre estamos, y contamos con la presencia de la otra como una rutina ciega pero regia. Incapaz de ser superada por cualquier otra cosa.

Porque si eso pudiera ser superado... ¿qué quedaría de mí sino mis cenizas vacías? Tú me salvaste, con nuestras horas por Fuenlabrada, por Getafe, por Sol. Tú me has salvado casi siempre. Con tu presencia angelical; ese aura mágica que sólo he conocido en tu espíritu tembloroso pero fiero. Eres el ser humano más especial que he tenido la suerte de conocer. Y, además, para mi fortuna: tú eres mi constante.

lunes, 4 de abril de 2011

-La quieres mucho, ¿verdad?

-Más que a nada. Con todas mis fuerzas.

-Ya-bufó-. Como todos.

martes, 1 de marzo de 2011

-Somos adultos -me dice-. Podemos acostarnos sin que haya historias de por medio. ¿No? Vamos, que lo tenemos dominado. No hay por qué mezclar elementos innecesarios. Podemos también esconder que en realidad follamos porque nos ansiamos como dos imbéciles que están enamorados en silencio. ¡Porque somos adultos!