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sábado, 16 de diciembre de 2017

Heartbeats.

- ¿Cómo compartes tu vida con alguien? 
- Nosotros crecimos juntos...



...Era emocionante verla crecer... ambos crecimos y cambiamos juntos. Pero, esa es la parte difícil... crecer sin distanciarse. O cambiar sin asustar a la otra persona. A veces todavía tengo conversaciones con ella en mi mente.


sábado, 11 de febrero de 2017

Anyone alive?

¿Y qué te queda cuando empiezas a venderte a ti mismo?

So bring on the rebels
The ripples from pebbles
The painters, and poets, and plays

martes, 24 de enero de 2017

Robert Kincaid.

No puedo evitar pensar si soy una especie de Robert Kincaid. Y no lo pienso porque esté destinada a seducir amas de casa que sienten que han sacrificado su vida por formar una familia a la que dedicarse. No me voy a poner tan dramática. Pero supongo que lo pienso porque vi algo de mí en ese reportero gráfico que ha dejado de escribir sólo para hacer fotografías y que se dedica a viajar de un lado a otro sin compañía.

"No esperaba compañía", le dirá a Francesca la primera vez que ella sube a su camioneta, limpiando a toda prisa todos los objetos y desperdicios que había ido depositando en el asiento del copiloto.

Hoy hablaba con unos amigos sobre pasar tiempo en soledad, para uno mismo, y ha vuelto a mí la imagen de este fotógrafo cuando he recordado la calma de viajar sola. Ese sabor diferente en los labios y ese color peculiar que adoptan los adoquines de las calles y las pieles de la gente cuando me muevo en silencio, me pierdo, pregunto, me escabullo y al final me siento a tomar un café en cualquier sitio que tenga una mesa libre.

Pero eso no significa que no necesite compañía, o que no me guste disfrutar de una buena conversación y compartir momentos íntimos con alguien. Sin embargo, desde hace un tiempo me vengo preguntando si no acabaré sola en la camioneta, si lo que acabará ocurriendo es que mi Francesca de turno nunca se subirá conmigo, sino que se quedará agarrando con fuerza la palanca de la puerta, tan destrozada como yo pero totalmente segura de que está haciendo lo correcto.

Robert Kincaid no deja de ser para Francesca un oasis de luz en mitad de una rutina autoimpuesta pero esencial para mantener la estructura vital que ha construido en el tiempo. Robert llega, rebosando experiencias, pasión e intensidad, y ella le deja entrar consciente de la fecha de caducidad de su historia. Si es justo para él no podemos saberlo del todo; la trama decide quedarse con Francesca y ver cómo la sombra de él se aleja patinando en la lluvia, como si así nos hiciera saber que está bien.

Cuanta más gente conozco y más tiempo pasa soy más consciente de que si bien parece que todos buscamos intensidad y aventuras, al final lo que nos acaba tirando es la rutina y la estabilidad. Porque a veces nos gusta lo que todo el mundo parece tener, y pensamos que el hecho de quejarnos constantemente de que no estamos haciendo todas esas cosas que siempre hemos querido hacer porque estamos ocupados con nuestras responsabilidades nos exime de aceptar que, en realidad, no buscábamos ninguna aventura. Que al final a todos nos gusta conocer a un Robert Kincaid, reírnos con él, contarle nuestros deseos e incluso arañarle la espalda desnuda en repetidas peleas de cama, pero en cuanto el subidón se disipa nos asusta esa persona tan entera e independiente. Buscamos que nos necesiten. Buscamos sentir que hacemos falta. Por eso Robert nos acaba asustando: ¿acaso una persona como él podría necesitar alguna vez a alguien tan pequeñito como yo?

Seguramente no, pensaremos.

Pero lo único seguro es que nos habremos alejado de un cambio fresco pero perturbador de nuestra rutina.

Por eso Robert acaba rodeando su retrovisor con el colgante de Francesca y se marcha hacia la derecha, en uno de los semáforos, probablamente, más penetrantes de la historia del cine.

"No vas a venir conmigo, ¿verdad?", le dice a pesar de que ella ha hecho las maletas. Lo ve, lo siente, de alguna manera lo sabía cuando ella le dijo que sí: se va a marchar solo, una vez más. Porque así es como funciona con él, y así es como, seguramente, sepa que vaya a funcionar siempre.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Paterson.

Algunos podrían decir que en Paterson no ocurre nada y, es más, que a Paterson no le ocurre nada, pero esa sería la visión de la vida que cada vez me da más y más pereza. Paterson es uno de esos documentos maravillosos que retratan la magia de lo cotidiano y lo extraordinario de lo que comúnmente tachamos de ordinario. De todo eso que metemos en el saco de lo "normal".

Paterson me recordó que cada vez me gusta más el presente y me encanta dejar el pasado en el pasado. Durante años fui una persona que se aferraba con uñas y dientes a lo que se estaba marchando; sin embargo, desde hace un tiempo tengo la suerte de saber dejar marchar aquello que tiene que irse, sin que eso suponga dejar de disfrutarlo o lamentar que desaparezca.

Ha sido un año de avanzar en muchos sentidos. Si miro atrás compruebo que no me he detenido en ningún tropiezo, y que he seguido cultivando esa calma sanadora a la que llevo años dedicándole muchísimas horas. Ha sido un año de recuperar equilibrios y disfrutar del tiempo como nunca, de sacarle punta a los malos momentos para que ninguno se extendiera más de lo necesario y de pensar muchísimo en silencio y mantener conversaciones tan interesantes que me han recordado, y me recuerdan, lo afortunada que soy por contar con mentes tan brillantes en mi vida.

Han sido doce meses de una paz que no habría creído hace más de un año, de sobriedad y madrugadas eternas, de palabras y risas, de aprendizaje y nuevos retos. Ha sido un año para darme cuenta de que tengo que aprender a enorgullecerme más de mis logros, pero he de decir, pudiendo caer en lo pretencioso, que no hay día que no me alegre de la persona en la que me estoy convirtiendo, y eso se traduce en una fuerza tan imprescindible que me mantiene cuerda y contenta, feliz de mi normalidad, de mis días, todos, sin excepción.

He visto nacer proyectos, propios, salidos directamente de mí, que me han calentado tantísimo las entrañas que, aunque a veces sea tentador caer en la desidia, me han demostrado que no quiero una vida que no esté unida a la creación, de la manera que sea. Lo contrario a la guerra no es la paz, es la creación. Crear me recuerda quién soy, me mantiene pegada al suelo y me susurra por qué estoy aquí y cuáles tienen que ser mis siguientes pasos. Ha sido un año de empezar a abandonar los miedos y las barreras autoimpuestas, de exploración y de descubrir que todavía queda muchísimo de mí que no conozco. Que el camino apenas está empezando.

Nunca me había gustado tanto seguir adelante. Evolucionar. Simplemente, seguir caminando, sin saltarme ningún paso, incluso cuando eso supone dudar del último trecho recorrido.

Ha sido el año de conocer por fin Escocia, de volver a mi Irlanda firme, de tantas despedidas que ya no las puedo ni contar. De quedarme, una vez más; de decisiones y hogar, hogares, personas únicas que conforman mi atlas vital, cada vez más amplio y ocupado por almas valientes y honestas.

El encanto de la normalidad y la perfección de la sencillez son combinaciones de palabras que cada vez me atrapan con más fuerza. Como un conductor de autobuses urbanos que escribe poesía en sus ratos libres sin ninguna pretensión de publicarlos. Como volver a tu casa después de un día largo y que te estén esperando. Como escribir, por la mañana, muy temprano, antes de que empiece tu turno.

Esos momentos, esos detalles del presente, esa magia casi palpable. Algunos podrían decir que no ocurre nada, que no me ocurre nada, pero esa sería la visión de la vida que cada vez me da más y más pereza. No sabéis cuánto.

Paterson


lunes, 28 de noviembre de 2016

Make it count.

The music ignites the night with passionate fire
The narration crackles and pops with incendiary wit
Zoom in as they burn the past to the ground
And feel the heat of the future's glow

jueves, 10 de noviembre de 2016

- No puedes simplemente acercarte a mí, después de años, casado, y decirme que piensas en mí. No puedes.
- ¿Por qué no?
- ¿Quieres a tu esposa?
- Sí, claro que la quiero. Y tú quieres a tu marido. Esto es diferente.
- ¿Cómo?
- Porque somos nosotros. Somos Damian y Diana. Siempre lo seremos. Nada va a cambiar eso. Y es mejor que lo aceptemos... Sabes que es verdad.

Diana, de la película Nine Lives (2005)
*Se puede ver la escena completa (que funciona a modo de cortometraje), en inglés, aquí. Rodado en plano secuencia y con un trabajo interpretativo impresionante.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Power to the people.

“Si asumes que no existe esperanza, entonces garantizas que no habrá esperanza. Si asumes que existe un instinto hacia la libertad, entonces existen oportunidades de cambiar las cosas”
(NC)

Captain Fantastic (2016)

viernes, 19 de agosto de 2016

El cambio es crecimiento.

- ¿Cuándo regresarás?
- Toda la noche me hicieron la misma pregunta. ¿Sabéis algo? ¿Queréis saber un secreto? Quizá no vuelva nunca. ¡Esta podría ser la última vez que veis a Scotty P. en Pretzels!
- ¿Te irás y ya? ¿No volverás para ver a tu familia o a tus padres nunca más?
- Mis padres van a jubilarse. Los dos, este año, y están pensando en mudarse allí.
- Es una locura. Y un poco triste...
- No, no. Me encanta haber podido volver aquí con Suki. Pero me encantó el instituto, me encantó la universidad y ahora... me encanta Japón. Me encanta todo lo que he podido hacer con mi vida. Y, ¿sabéis qué? Seguramente me encante lo próximo que haga. Sea lo que sea. Así que, ¿por qué seguir mirando atrás cuando hay tanto por venir? ¿Lo entendéis? ¿Es de locos? Sí. ¿Triste? No, para nada.

domingo, 21 de febrero de 2016

viernes, 8 de enero de 2016

One day.

"Dear Catherine, 
I've been sitting here thinking about all the things I wanted to apologize to you for. All the pain we caused each other. Everything I put on you. Everything I needed you to be or needed you to say. I'm sorry for that. I'll always love you 'cause we grew up together and you helped make me who I am. I just wanted you to know there will be a piece of you in me always, and I'm grateful for that. Whatever someone you become, and wherever you are in the world, I'm sending you love. You're my friend to the end.
Love,
Theodore."

Her

lunes, 4 de enero de 2016

- Ahora es cuando me dices... "Te dije que antes de que se acabara el día te ibas a marchar con ella".
- No te lo voy a decir.
- Todas las cosas que he dicho que sentía estos días las sentía de verdad.
- Lo sé. No lo pongo en duda...
- ¿Y tú? Todo lo que has dicho que no sentías, ¿no lo sentías?
(...)
- Diego, deberías aprender a estar solo. A no volcar tus necesidades y dependencias con la primera que se te cruce en el camino.
- Yolanda no es la primera que se cruza en mi camino.
- Es que no estoy hablando de Yolanda.
- Martina...
- Diego, que no pasa nada. No hace falta que te justifiques, ni que te sientas mal.
- ¿Por qué tengo la sensación de que no he tomado ninguna decisión?
- Porque no has tomado ninguna decisión. O porque quizás estaban todas las decisiones tomadas desde el principio.
- Soy un desastre.
- Es parte de tu encanto... Todas las cosas que te he dicho que no sentía no las sentía, porque no me ha dado tiempo a sentirlas. Te prequiero. Mucho.

Primos



domingo, 27 de septiembre de 2015

Feeling Good.


- Quería hablarte un minuto antes de que te fueras. Mira... Lo que pasa es que... Bueno, mi padre ha muerto.
- Oh, Troy, lo siento muchísimo.
- No...
- Lo siento mucho...
- Lo que ha ocurrido es que... Tuve una vista arcana del universo. Y lo mejor que puedo decir sobre eso es... No lo sé. Tengo un... planeta de arrepentimiento encima de mis hombros. Y no te imaginas cuánto me gustaría poder regresar a esa mañana después de que hiciéramos el amor y hacer todo diferente. Pero sé que no puedo, así que... Pensé que vendría a decirte algo. Y lo que quería decirte era que te quiero, y quería estar seguro de que eso quedaba claro para que no hubiera ninguna confusión. Bueno, entonces... ¿adónde vas?
- Iba a buscarte.
- ¿Para qué?
- Quería ver... si estabas bien.
- Tuve una semana de mierda.


PD: Gracias por una buena, y sencilla, noche de sábado.


viernes, 28 de agosto de 2015

"Vale"

Eternal Sunshine of the Spotless Mind

Joel: ¡Espera!
Clementine: ¿Qué?
Joel: ¡No lo sé! Solo espera.
Clementine: ¿Qué quieres, Joel?
Joel: Solo espera. ¡No lo sé! Quiero que esperes. Solo... un rato.
Clementine: Vale.
Joel: ¿En serio?
Clementine: No soy un concepto, Joel. Soy una mujer jodida que busca su propia paz de espíritu. No soy perfecta.
Joel: No veo nada que no me guste de ti.
Clementine: ¡Pero lo harás!
Joel: Ahora mismo no lo veo.
Clementine: Pero lo harás... No sé, ya se te ocurrirán cosas. Y yo me aburriré de ti y me sentiré atrapada porque eso es lo que me suele pasar.
Joel: Vale.
Clementine: (Llora) Vale. (Sonríe) Vale.
Joel: (Sonríe) Vale.

viernes, 19 de julio de 2013

miércoles, 27 de febrero de 2013

Hablar siempre ha sido fácil. A veces nos enredamos en las palabras sencillas y no caemos en que nos está arrasando la vida, con o sin ellas. La vida no siempre sigue. No puedes decir que La vida sigue cuando hay hechos que la cercenan, la agotan, la revierten, la cubren de dolor.

Hay vidas deshechas y desamparadas. Hay ocasiones en las que el camino se trunca de manera radical y no podemos hacer nada para combatirlo. Sólo aceptar en silencio la derrota y continuar, sí, pero no sigue la vida. Sigue uno mismo, porque no le queda otra si quiere seguir en esta jungla, pero no sigue esa vida que había tejido con el paso del tiempo. Se rompen los hilos. Y hay que volver a hilar lo que ya se hiló pero con el corazón destrozado y la ilusión mermada.

No es pesimismo, es consciencia de la realidad. Claro que sigue, pero jodiéndonos, cuando no se quiere que lo haga. Cuando todo lo que uno quiere es una paralización eterna, una respiración que dure siempre. El tiempo goteando en la nuca, pero el cuerpo inmóvil, porque la vida ha dejado de seguir. Porque, en esos momentos, sólo en la más estúpida suspensión de todo y de todos hallamos descanso. Sin embargo, hay que seguir. Y ahí está la esencia de nuestra supervivencia. En que estamos obligados a hacerlo.

No es el fin del mundo siempre que se pueda seguir. Pero no es lo mismo, no sigue la maldita misma puta vida. No sigue sin más. Es otra, más descolorida y envejecida, con la que debemos dormir aunque de primeras su presencia pegada a la piel nos hiele la sangre.

21 Grams

sábado, 8 de diciembre de 2012

"Porque no hay nada peor en el mundo que la amargura y la venganza. Sé siempre digna e íntegra contigo misma."

Persépolis

martes, 20 de noviembre de 2012

Pues sí, a veces cuando te veo pienso en acercarme. "Hola, ¿cómo te va? Había pensado que podríamos tomarnos algo y hablar de por qué lo fuimos todo y ahora no nos hablamos. ¿Te parece?". Reconozco en tus pupilas esa mirada de infancia y entonces se crean los espejismos. Pero siempre vuelvo en mí y acabo pensando lo mismo.

Si el desenlace iba a ser hacernos daño hasta matar casi todo lo que fuimos, ¿por qué retrasamos tanto ese momento?

Casablanca

domingo, 4 de noviembre de 2012

Los días tontos en los que se nubla y llueve a ratos activan mis jaquecas. No hay uno que falla, y menos en Otoño, cuando son más abundantes. Sin embargo, abanderada de esta estación como soy, me encanta este tiempo tonto. Entre vulgar y ambiguo, una llamada a los nostálgicos del calor y los amantes del frío. La tierra de nadie de las estaciones.

Esas jaquecas me sirven de excusa para escribir remiendos y para enchufar la ducha y meterme debajo de agua casi hirviendo. Pienso que el calor me alivia y me limpia las impurezas que me han llevado a esa mueca torcida tan otoñal y paradójica. Debajo del agua caliente me permito un santuario de intimidad y desconexión que apenas dura porque -a quién intento engañar- mi mente sigue funcionando a pesar de mis intentos de ahogarla.

Intento que con el jabón se vayan mis miserias, las arrugas que se traducen en mi piel a través del alma, las palabras que escuecen. Pero no es posible. Sólo se va el tiempo, en una mezcla acuosa e inquietante que se lleva parte de mí por el desagüe. Pienso que todo se va, con mis instantes de vapor, pero en realidad se quedan conmigo. Con una soñadora de piel tiritante y mojada, a la que con más días que pasan más anquilosados, y gastados, se quedan los sueños. Sobre todo si es otoño, y tengo jaqueca.

Il deserto rosso