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sábado, 20 de abril de 2019

El día que volví a Skogafoss y estaba sola y me sentía bien

Me pidieron que me hiciera un regalo y yo elegí volver a Skogafoss. Pero esta vez lo hice sola, sin ninguna compañía. A pesar de ello, el lugar estaba salpicado de turistas, como es habitual en este sobrecogedor rincón de Islandia que, además, había vuelto a salir en Juego de Tronos, concretamente en el primer capítulo de la octava temporada.

Esta vez traía los deberes hechos y me había traído un chubasquero. Era rojo, no sé por qué. Bajé del coche y me fui aproximando al terreno llano a los pies de la cascada, mientras el sonido se iba volviendo más y más ensordecedor. Comencé a notar las salpicaduras salvajes de agua en la cara y en ese momento decidí desabrocharme el chubasquero, me remangué y apenas unas gotitas se empezaron a deslizar también por mis brazos.

Caminé haciendo eses, de un lado a otro de la cascada, mientras todo el mundo hacía fotos o simplemente se quedaba maravillado mirando hacia lo alto del monumento natural. Me paré en el sitio y me respiré a mí misma, sintiendo cada rincón de mi cuerpo, reconociéndome para poder afirmar que me sentía inmensamente bien. Conectando conmigo. No sé cuánto rato estuve allí.

Me pidieron que me hiciera un regalo y yo elegí volver a Skogafoss, sola, y sintiéndome bien.



sábado, 9 de enero de 2016

"Nos amamos. Locamente"

Luis, mira ahí, junto al río. Esos árboles torcidos, ¿los ves? Parecen un fallo de la naturaleza, ¿verdad? Parece que estén muertos, que sean árboles vencidos. ¿Los ves, Luis? 
Ves justo lo contrario: hace algunos años hubo un corrimiento de tierra y muchos de esos árboles cayeron. Los que vemos son los supervivientes, Luis. Se han mantenido en pie, creciendo así: torcidos. Oblicuamente, Luis. Los imperfectos. Los torcidos. Oblicuamente, Luis... Oblicuamente... 
(C. Redondo) 

jueves, 29 de mayo de 2014

Telón.

Había un regusto amargo en el ambiente. A pesar de que amábamos ese ritual más que a nada en esos tiempos, esa vez era diferente. Era la última. Y nuestras ganas, los meses previos, se habían repartido a partes iguales entre que llegara ese día y que no nos asaltara jamás. ¿Cómo podía terminarse algo que nos había hecho tan felices?

No sólo por la euforia clave de los días señalados. Aprendimos. Dejando el arte a un lado, aprendimos a ser una piña, a apoyarnos, disfrutar juntos y complementarnos de una manera casi perfecta. Nos teníamos los unos a los otros. Tal vez sea que mis recuerdos ahora están nublados, pero no recuerdo una mala palabra, un ápice de envidia o una falta de respeto. Por supuesto que teníamos nuestros momentos. Estrés y nervios que podían acabar con nuestras muecas torcidas, pero siempre sabíamos salir de ahí. Vivimos lo bueno y lo malo juntos, sin imaginarnos por un momento un centímetro por encima del otro. A pesar de que el talento brillaba más en unos que en otros, para nosotros éramos iguales como personas, como compañeros. Sabíamos apreciar ese talento que despuntaba, y también compartíamos la felicidad de sus buenas críticas.

No todo fue fácil. Seis años dieron para muchos momentos buenos pero también malos. Lágrimas frente al espejo del baño escondidos de las exigencias feroces que a veces nos brindaba la directora. Pero, cuando eso ocurría, cuando alguien abandonaba la sala de ensayo para ir al baño, al minuto exacto alguien aparecía a su lado y lo abrazaba. 

Siempre encontramos comprensión en el otro, siempre contamos con el otro, siempre supimos que nosotros no éramos nada sin el otro. Todos éramos columnas de un mismo proyecto. Podría decir, cuatro años después, que nuestros corazones latían a la vez. O al menos así lo sentí yo.

Los días de función, ese ritual... Juntarnos, desconectar de los estudios, comer juntos sin prisas, que nos entraran las prisas a todos a la vez y de repente, reírnos, sentirnos. Para luego mutar en apenas segundos cuando las luces y la música se apagaban y se abría el telón.

Aquella vez había amargura en el ambiente antes y después del telón. Una hora antes, había gente haciendo fila para vernos. Se colgó el cartel de aforo completo mientras todavía había gente aguardando a entrar. Cuando sonó la última nota de música y explotó en el público un aplauso revitalizador, Claudia rompió a llorar. En la grabación de ese final se ve cómo su rostro cambia en un segundo y llora. Porque era la última. Y todos lo sabíamos. Por eso la sentimos más que nunca y aún hoy lo recordamos con infinito cariño. Mientras escribo todavía noto en mi piel cada vibración, cada nervio, cada milímetro de ilusión que me cubrió entera. Siento en mis entrañas esa nostalgia absoluta y todavía vive en mí el pensamiento que tuve presente durante todo ese día: no puedo estar triste porque ha sido sencillamente maravilloso.

Me es agradable volver la memoria hacia atrás y acabar aquí. Tal vez fue el fervor adolescente, ser una constante en nuestros años más cruciales, los lazos que allí forjamos, las imágenes de preparar las funciones y vivirlas... Sea lo que sea todavía me hace sonreír. Crecí más como persona y amiga que como actriz. Así aprendí a amar el teatro. Pero también a la gente.

viernes, 24 de enero de 2014

Elegí tener una vida que me perteneciera sólo a mí.

Tengo una vida. A veces me estresa e incluso puede hacer que me sienta agobiada, pero tengo una vida. De vez en cuando se me juntan los ensayos de teatro con las prácticas de la universidad, algún reportaje al que le quedan las últimas pinceladas, unas fotos que tengo que retocar, las clases de francés o la llamada que le debo a una amiga. Por eso puedo llegar a agobiarme, pero, ¿no sería horrenda la total ausencia de todas esas cosas?

Tengo una vida. Como también la tenía cuando decidí irme a Irlanda con una beca porque si no no habría podido vivir en Dublín durante casi un mes y volví con el espíritu nuevo. También la tuve cuando una agencia de noticias me contrató como becaria y pasé el verano aprendiendo y recorriéndome ruedas de prensa. Cuando ahorré para comprarme una cámara. O cuando tomé una de las decisiones más difíciles de mi vida y me quedé un año más en la capital. 

Tiene tantas cosas buenas como malas. ¿A quién le podría gustar trabajar en algo que no es lo suyo, perdiéndose en los almacenes subterráneos de un Alcampo para montar un stand de cartón y pintándome la raya y los labios sólo porque debo ir así a trabajar? Pero, meses después, pude coger un avión que me llevó a Manchester y de ahí al oxígeno del norte. Porque así lo quise.

Escogí tener una vida en lugar de refugiarme en el rencor y el desencuentro constante. Decidí sacudirme el polvo de tristeza y comenzar una vida, la mía pero otra, y encaminarla para que no pudiera volver a tropezar dolorosamente. O, al menos, no de la misma manera. En esta vida que tengo, puedo mirar atrás sin arrepentirme y sin espantar a la sombra que me sigue a todas partes, cosida a mis zapatos como siempre.

Podría arrepentirme de esos tres años que entregué a alguien que no lo merece, pero tengo la claridad suficiente como para saber que ese tiempo me hizo ser como soy ahora. Y no me arrepiento de la persona que soy. Porque reflejados en los pozos de mis ojos veo a los míos; ellos también son parte de lo que soy. Porque al igual que tengo una vida, elijo quién entra en ella. Y quién se queda. Como aquellos que van a recorrer metros o kilómetros sólo para conocer una parte tan esencial de mi existencia. A ellos podré mirarlos a la cara y saber que su sonrisa es sincera.

No podría imaginarme sin mis pasos apresurados a un ensayo de Ícaro, o sin las cervezas de después, las risas cuando alguien espera hacerte llorar, el cielo de Madrid o el viento inigualable de Zaragoza. Porque todo eso es mi vida. Sólo soy yo quien puede decidir si convierte en mofa un intento frustrado de sufrimiento infligido o si alguien duerme esta noche en mi cama.

En lugar de quedarme en el hastío y en culpar al universo de un complot contra mi felicidad, decidí que -tal vez- era yo la que debía hacer algo. Por eso lo hice. Elegí tener una vida que me perteneciera sólo a mí.

martes, 21 de enero de 2014

(Se seca una lágrima)

JULIA: ...Siento asco de mí. Sé todo el daño que os he hecho y siento asco de mí.

(Silencio. Pitidos largos. JULIA se pone de pie frente a la ventana.)

TINA: Me parece que ha llegado el momento.

miércoles, 23 de octubre de 2013

- Tina...
- ¿Sí...?
- ¿Sabes cómo se siente una persona en un desierto sin arena..., sin insectos..., sin aire... ? Así me siento yo.

Alfonso Vallejo.

domingo, 6 de octubre de 2013

martes, 13 de noviembre de 2012

Trabajar las emociones, encandenar la ira con el placer y el placer con el miedo. El texto da igual, lo que importa es que fluyan, emocionar. Sentir.

Nos convertimos en meros recipientes. Vacíos de cuanto somos, nos llenamos de esas emociones. De lo que nos toca sentir. Compartir un taxi con una persona que acaba aterrándome y susurrándome al oído. Estar nerviosa porque mi novio, una persona a la que por fin quiero tanto como para dar el paso, va a conocer por fin a mi padre, aunque ninguno de los dos sabe que estoy embarazada, ni mi chico sabe que mi padre maltrataba a mi madre. Acabar en un castillo donde los hay que se ahorcan, empiezan a cantar, lloran o cuidan de un muñeco diciendo que es su hijo. Comenzar a respirar de manera acelerada porque no entiendo nada y todo el mundo a mi alrededor parece que está loco.

Todo ello sin salir de la misma habitación a la que ya me estoy acostumbrando. Cada martes y jueves. Sentada en una de las sillas rojas, escuchando y levantándome para dejarme, de algún modo y al mismo tiempo, sentada en esa silla.

Nunca se sabe con una improvisación. En realidad cualquier cosa es posible. Puedo enamorarme o gritar, desesperarme porque mi madre no me reconoce o interesarme por alguien sólo por su dinero. Yo, o lo que queda de mí, que apenas es nada, o que no debería ser nada salvo un catalizador que me ayude a pasar del placer al miedo y encadenar el miedo con el dolor y luego con la ira. Y otra vez el placer. Apenas unos resquicios de lo que fui para construir aquello que debo ser, durante unos minutos. Un recipiente. Un recipiente extraordinario.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Placer.
Dolor.
Ira.
Miedo.

Anoche con Blanca se me escapó un dato. Las emociones que, digo, faltan en mi vida no me aguardan en una persona, en una nueva relación, en un suspiro compartido. No tienen por qué estar ahí. Y hoy las he encontrado. Quién iba a pensar que simplemente iban a estar en el Teatro.

viernes, 11 de mayo de 2012

Ayer no sólo había nervios e ilusión sobre las tablas. También estaba ese sentimiento injusto que nosotros experimentamos hace dos años: era la última. La última actuación después de tantos años de ensayos y de tan poca gloria que a tanto sabe. Se me encogió el corazón cuando Rubén -esa persona que destacaba en este grupo de teatro, pues siempre hay alguien que lleva las riendas- dio un paso adelante, ya finalizada la obra, y mientras muchas compañeras lloraban sin poder evitarlo él lanzó una pregunta retórica sin luchar contra su voz, que también acabó quebrándose. Se preguntó que quién le iba a decir a él, a un adolescente disléxico que apenas podía leer textos en voz alta, que apuntarse a un grupo de teatro hacía cinco años le iba a dar la vida. O al menos parte de ella.

Y ahí está la magia.

El teatro nos ha visto crecer y por eso duele haber crecido demasiado. Tener que dejarlo porque cambias de espacio, de sitio, de rutina. Pero nunca de espíritu. En estos dos años no se ha apagado ni un ápice las ganas que tengo de hacer teatro justo adheridas a la piel. Es una de esas sensaciones a las que sólo se llega probándolo. Metiéndote en la vida de otro desde el mismo momento en el que estás obligado a dejar de ser tú.

A mí se me rompió el corazón ayer al verlos llorar como si fuera su último día en este universo paralelo. Pero siempre queda la pasión inagotable y en el horizonte las nuevas oportunidades. ¿Que tendrán otro sabor y a veces no es agradable acostumbrarse a él? Por supuesto. Pero eso no nos puede frenar.

No nos puede frenar porque somos gente que hemos sufrido y llorado como nadie por el hecho -banal, teóricamente- de no conseguir un personaje. Una voz, unos gestos. Muchos miércoles de ensayo se hacían eternos porque significaban fracaso y desorientación, dolor y rabia. Suena exagerado, pero hemos llegado a vivir verdaderas obsesiones y tristezas que se clavaban como astillas debajo de las uñas. Al menos Tal y Tal, de repente vio cómo pasaba de los primeros años en los que hacíamos teatro para divertirnos a los últimos, en los que el nivel de exigencia nos destrozaba en silencio porque si lo admitías estabas perdido. Pero luego llegaba el momento crítico, el gran momento en el que se iban por el desagüe ocho meses de trabajo en apenas dos horas, y recordábamos por qué estábamos ahí. Por qué habíamos sufrido tanto.

Por la sala llena, el sonido de los aplausos, la sonrisa encendida de pura euforia. El cuerpo destrozado pero el alma viva, vibrante. Por haber sido capaces de provocar sentimientos en ajenos, por, después de todo, no haber sido unos fracasados. Solamente unos sinnombre, desconocidos desde la primera palabra que sale de nuestras bocas y que tantas veces hemos leído en un guión. Eso, a mi juicio, no puede equipararse con ninguna otra experiencia que como humana haya conocido.

Y claro que siento nostalgia. Siempre. Normalmente apagada, pero otras veces golpeándome con fuerza. Pero como escribí hace dos años y le dije ayer a Etcétera, Etcétera...

Me quedo con esa euforia. Con los seis años que ha durado esto, que han sido tan geniales, tan intensos, me han hecho tan feliz... Que no puedo estar triste. Sólo eternamente agradecida.

jueves, 22 de marzo de 2012

Los nervios de sentir al público al otro lado del telón son el preludio del alma dejada en el camerino. Salir desnuda para llenarme del personaje que tengo que interpretar justo en el segundo en que se me corta la respiración y tengo que decir la primera palabra. Y, ya con Boccaccio en los labios, hacer lo que marcaron el ensayo y los textos. Qué más da si toca gemir, llorar, reír a carcajadas, reírme del público, meterme en la cama con alguien o salir a bailar como nunca pensé. Ya no soy yo, desde el mismo segundo en el que se abre el telón. Vivo otras vidas e intento que la gente las viva conmigo. Qué más da, si no soy yo, si me he dejado la piel en el camerino para cubrirme de la esencia de un ser etéreo que se apodera de mí durante esos minutos. Qué más da, si no era yo... Y ahí estaba precisamente la gracia. La magia.

miércoles, 2 de mayo de 2007

Orgullo TAL y TAL [II]

Porque supe que la entrada que escribí un eufórico y lejano ya 3 de mayo, tendría que tener segunda parte.
Porque TAL y TAL volvió, señoras y señores. Con una obra mucho más seria, pero mucho más currada.
Tarde de miedos. De repeticiones interminables del texto. De ensayo. De maquillaje apresurado. De ausencia de calzado xD. De dedos cruzados. De besos. De 'mierdas'. De bombones caducados. Y de alegría; alegría pura y dura.
De nuevo, magnífico, estupendo, maravilloso, acojonante...!
¡¡Genialoso!!

1. Quedamos en mi plaza. Eila se olvida no-sé-qué-cosa y tenemos que esperarla. Hana y Elvira gritan en la lejanía de la parada del bus, pero las ignoramos. Buscamos un cacho de sombra, y a la espera de nuestra Nerat egipcia [Eila], hablamos sobre lo que nos depara la tarde.

2. Cogemos el bus tarde y llegamos, para variar, tarde. Los demás ya están allí. Olga en sus controles, probando focos. Entramos y parece que el teatro se nos cae encima. Qué enorme.

3. Dejamos las maletas en los 'camerinos' En teoría, uno masculino y otro femenino pero que acabarían siendo los dos propiedad nuestra, juntos pero no revueltos, cofcof. Eila y Eliana desaparecen misteriosamente.
-¡¡Eilaaaaaaaaaaaaaa!! ¿Ande estaaaaas?

4. Eila y Eli aparecen [estaban en el baño xD] y comienzan las egipcias a bailar su baile, válgame la redundancia. Los demás nos sentamos y observamos cuales inocentes espectadores.

5. El baile resultó ser ensayo. Así que ensayamos la obra de un tirón. No muchos problemas, sólo nervios. ¡E inseguridades!

6. Acabamos de ensayar, las 6 menos algo, el tiempo ya nos acuchilla. Miramos cómo tendremos que cambiar la escenografía y nos acojamos un poco, la verdad. Establecemos pautas que luego serían olvidadas completamente. Pero, ¿qué sería del Teatro sin la improvisación?

7. Esta vez me perdí la parte "Críticas de Olga. Críticas de Olga. Críticas de Olga" Porque apenas hubo. Sólo nos echó la bronca [que yo, por cierto, no estaba. Estaba dentro haciendo el lujoso calendario con papeles en sucio y permanente gordote negro] por que no teníamos ni bombones ni champán. Pero los tenía Jenny, quien estaba acompañándome en nuestra obra de arte.

8. Colgamos decorados. Los más altos se suben a las sillas y los cuelgan con imperdibles. Aún me pregunto qué hacía yo colgando uno con mi estatura. Encima casi me caigo, juas.
-Gabriel, cógeme que me escoño. ¡Gabriel! ¡¡CÓGEMEEEEE!!

9. Vestuario. Maquillaje. Tatatatán! Y ahí viene mi problemón: estoy sin calzado. Tendría que llevar botas y no hay botas. Para colmo, el calzado que llevé yo, unas converse falsas bien guarritas, no concordaban con el vestido marrón largo y elegante de mi personaje. Al final, tengo que llevar las de la directora, quien me intercambia el calzado. Calzo un 40-41 y me embuto en un 36. ¡Con un par! Hasta Eva del PIEE salió a buscar entre el público, quienes ya había entrado, botas para mí.

10. Asomo la cabeza pro el telón, como es costumbre. Madre! Mis amigos-simpáticos-todos, se sientan en primera y segunda fila del lado izquierdo, justo para ver como hacía el ridículo fumando en la pipa. Ya les vale a estos degenerados.

11. Nos arrejuntamos todos en un estrecho camerino. ¡Manos! ¿Ya?
-¡Mierda, mierda, mierda!
PD: Empieza lo bueno.

12. Debemos prepararnos. Todos a sus puestos, preparados o no. La música suena. Nuestros estómagos se contraen. La gente guarda silencio. Pensamos que los latidos de nuestro corazón harán estallar nuestros tímpanos. Alguien tose.

13. Telón. TAL y TAL sobre el tablado. Dando todo lo que sabe.

14. Un 14 sería imposible de explicar. El 21 de Mayo más. Vedlo, y me entenderéis.


Y no mucho más. Mil gracias a ese elenco:
~Eila, Claudia, MariLuz, Laura, Sergio, Abel, Elvira, Eliana, Hana, Gabriel, Jenny~

O, ateniéndonos al estupendo guión...
~Nerat egipcia, Rania egipcia, Bermegat egipcia, Mastach egipcia, Ono, Asuán, Médium[Bermegat segunda], Mastach segunda, Sail, Nerat segunda~

Ni millones de palabras saciarían lo que siento a vuestro lado. Porque esto va más allá de una relación profesional, por así decirlo.
Gracias a vosotros, por encenderle la sonrisa a esta irónica Rania segunda. Por abrazarme. Por animarme.
Porque al oír Tal, acompañado de otro Tal o por separado, se me encoge el corazón de pura felicidad.


Y, para finalizar y ponerle el broche de oro a esta inexperta crónica, gracias por infinito al público.
Dios mío. No os podéis imaginar lo que se siente viendoos, oyendo vuestros aplausos, oyendo vuestra prófugas risas. Sintiéndoos.
Con eso se olvidan meses de ensayo y broncas. Meses de querer tirar lo toalla. Gracias a vosotros, eso se olvida.
Porque aunque suene a peloteo, es la jodida verdad.

Lo mejor: repetiremos dentro de un par de semanas.

Hasta entonces, reviviré un 2 de Mayo cargado de sonrisas cada vez que tenga frío.

Por un sueño más cumplido. Por una ilusión que llega a su destino.

Un rebuzno de esta adicta al Teatro.

Rania =)