jueves, 17 de septiembre de 2009

No esperemos sin más. Un año más llega mi otoño y me trae razones que purifican los cansancios sudorosos del verano que nos abandona con garantías de volver en cuanto la primavera le deje. No esperemos porque esperar me quema y mata el tiempo, hagamos lo que sea menos esperar.

De momento puedo conformarme con esperar que no quebrantes mi libertad sino que sigas masajeando mis alas con tus dedos firmes y si, es posible, volar juntos algún día en el que no duela nada. O, si duele, que nos curemos las heridas el uno al otro. Me nutro ahora se sentir la magia de intuir que has escrito y comprobar que es cierto, de bucear en tu interior con o sin permiso para acabar conociéndote mejor y sonreír cuando me sorprenda.

El misterio que mata la rutina, que a veces espera temblando demasiado escondido pero resurge tarde o temprano. Por el momento me conformo con ello, con sentirme mejor compartiendo contigo todo lo que me atormenta aunque en ocasiones el dolor se siente con nosotros en nuestra conversación.

Con eso me quedo. Con eso y con que sencillamente acabamos siendo dos niños que juegan con la ilusión y la pasión y se enfrentan también al miedo. Dos criaturas que aprenden, que sienten, que temen, que aman.