lunes, 7 de septiembre de 2009

Qué difícil era la copa vacía y el carmín etéreo flotando muy lejos de ella. Ir danzando con los platos en la mano como siempre, esquivando momentáneamente un asiento, una ausencia, un vacío infinito, un recuerdo. El tiempo corría despacio porque ya no venía la que siempre llegaba primero. Se sentaba, pausadamente, quejándose de su corazón y sus piernas las últimas veces, llenándonos de dolor con sus gritos ahogados, su no puedo más, y nuestro y nosotros qué.

Las velas extinguidas y las lágrimas escondidas en las habitaciones en penumbra, la infancia que anhelo muchas veces recorriendo el pasillo, una felicidad extraña, un parche que flaqueaba en las pieles de nuestra alma.


Hoy llueve en las pupilas por el dolor sordo de dolores pasados, del pecho subiendo y bajando, porque echar de menos no es suficiente en la única pregunta sin respuesta que nos asalta cuando nos dejan. Para no volver. Algún poeta puede cantarles indirectamente preguntándose que y adónde van, pero eso es todo. Por la picadura, también, fugaz o quizá no, de otro tipo de ausencias, más difíciles de tratar, porque son salvables. Pero igualmente duelen.

3 comentarios:

Maria Sol dijo...

Bueno, la verdad es que si mi perdon no es aceptado ..
Nosé que haria.
Ya fué aceptado pero si no lo hubiera sido..
Seguiria intentando ya que esa amistad es MUY VALIOSA. y si es muy valiosa se que se recupera.

Anónima :) dijo...

Si es ahora cuando empiezas a pensar que estoy loca... es una buena señal jaja


Yo seguiré viniendo siempre que tú sigas escribiendo. Al menos por aquí, claro; si te pierdo la pista, tendré que aguantar el mono de leerte =/

Empty Zone dijo...

Escribe




que te echo de menos.