miércoles, 18 de diciembre de 2013

- Oye...
- ¿Sí?
- ¿Sabes cómo se siente un pelele?
- No...
- Exacto.
I want you
to be
left behind those empty walls,
told you
to see
from behind those empty walls.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Que uno piense que el amor, por el momento, no es para él no significa que no crea en el amor. Que haya dejado de creer en ese sentimiento tan aislado y tan inherente que parece que te sale directamente del estómago cuando aparece, como si hubiera formado parte de ti desde siempre. No tiene por qué significar que no se pueda ver la esperanza de soslayo en unos ojos en los que el impacto de la luz provoca que los veas como nunca los habías visto antes, a pesar de haberlos observado decenas de veces.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Periodismo.

Ahora es monologuista. De tanto reírse de su futuro negro en la cola del INEM, al final acabaron pagándole por ello.

domingo, 1 de diciembre de 2013


We're all in this thing together
Walkin' the line between faith and fear
This life don't last forever
When you cry I taste the salt in your tears.

viernes, 29 de noviembre de 2013

- ¿Por qué has venido ahora? ¿No habíamos quedado luego?

Se pone una camiseta con torpe rapidez. Es la primera que ha pillado, pero ni le da tiempo a mirarla. Piensa en peinarse un poco pero acaba concluyendo que eso va a provocar que parezca todavía más estúpido. Espera su respuesta mientras le late el pulso en las sienes con ese frenesí de una situación incómoda y que le llena a uno de culpabilidad. Incómodo y lleno de culpabilidad, en eso se ha quedado el orgasmo.

- Ya. Pero prefería venir ahora. Ya me marcho.

Ella abre la puerta de casa y antes de que pueda irse él sale a su paso y le corta el paso.

- ¿Por qué? ¿Pero qué cojones haces?

Ella sonríe ligeramente. Es una sonrisa amarga pero entera. Una sonrisa que no esconde nada.

- Quería ver esa vergüenza. Quería ver cómo la sentías. Así puede ser que la próxima vez que me eches en cara que me tiro a otros mientras intentamos arreglarnos te lo pienses dos veces y recapacites. Y al menos te calles. Porque si tienes dos dedos de frente, y sé que los tienes, sabrás que sé que no puedes exigir nada que tú no quieres ofrecer. Ahí está tu problema. En que crees que no tienes dueño pero que, ante todo, sigues siendo el mío. Cuídate. Y mis cosas puedes quedártelas-. Rápido vistazo. - Incluida esa camiseta; te queda a ti mejor.

Y se va. Él, perplejo entre el salón y la cocina, se rasca la cabeza mientras en su pecho se va abriendo un vacío hondo, lacerante, implacable. De su ensimismamiento lo saca otra voz femenina; esta segunda proviene del dormitorio.

- ¿Qué ha pasado? ¿Qué quería esa loca?

jueves, 28 de noviembre de 2013

Soy piel y huesos. Soy una sonrisa burlona devuelta por el espejo. Un aliento más, el pecho hinchado de vacío. Soy un fracaso que duele. Un fracaso que enseña. Soy la penúltima nota de un violín que arranca desde sus cuerdas una melodía rota. (No) soy la chica de 15 años que se enamoró casi sin razón y respiraba pasión en el invierno más frío. (No) soy la chica que se enamora. Soy los resquicios de lo que algún día fui. (Cómo pude ser) así. Soy algo diferente, evolucionado, envejecido, desganado. (Ya no) soy esa chica. Soy la misma piel y los mismos huesos. Soy la incredulidad de quien ha sentido el sufrimiento en el estómago y la tristeza profunda agazapada en lo más primigenio, sin que quisiera marcharse. Soy un verano negro y de lágrimas. Soy las cenizas de las que volví a nacer. (Todavía) soy esas cenizas barridas debajo de la alfombra más gruesa. Soy resignación, ausencia de paciencia, ausencia de impaciencia. Soledad, ansias de viajar, independencia. Soy el silencio de quien no tiene que darle explicaciones a nadie. Soy aquella que camina rápido con una maleta y que no quiere que venga a recogerla nadie al aeropuerto. Soy la que sonríe por amabilidad aunque sea un día de mierda. (Ya no) soy Tina Leone. Soy otra ilusión que parece diluirse. Soy ese espejo. Esa chica que me mira desde el otro lado. (Ya no) esa chica que me mira desde el otro lado.

Soy ausencia de carne ahora, hoy, en este segundo. De espíritu. De alma. De esperanza. Sólo piel y huesos.
Y juras otra vez que no quieres volver
a despertar muerta de sed
y con un puñal hundido en el pecho.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Me pregunto si alguna vez se acabará esta empatía. Cada vez que me comprometo con una historia en la que el dolor juega un papel importante acabo sintiendo las uñas del pasado en el estómago. Acabo sintiendo ese dolor de una manera casi personal, reviviendo la tragedia de la manera más intensa que  permite una posición ajena. 

El recorrido, hasta hoy, es siempre el mismo. Me intereso, leo, pregunto, veo, compruebo, leo más, anoto, escribo, señalo y, sin poder volver atrás..., ya estoy perdida. Estoy metida en la historia sin remedio, y sé que no saldré de ella hasta que no componga las palabras para poder hacer saber a otra gente que esa tragedia existió y que hay vidas humanas que sufrieron y sufren mientras nosotros seguimos respirando.

Por ello, por todo ello, a veces me pregunto si, en el caso de que continúe en esto, de que quiera seguir contando historias, me iré volviendo más y más insensible. Personalmente prefiero un periodismo intenso, humano, impregnado de la realidad latente y cruel si así debe ser. Sin embargo a veces me entran las dudas y lanzo al aire este interrogante. ¿La vejez me hará menos empática? ¿Es necesario un mayor alejamiento, no es nocivo dejarse doler, dejarse comer por una historia siempre que se mantenga la cordura?

Hasta hoy, no me importa este dolor. No me importa sentirlo. Para mí es parte de la pasión de querer informar de algo, de querer contar una historia que merece la pena ser sabida por todos. Es como un reflejo vivo de que existe. Porque existe. Y si esa existencia va ligada al dolor, a la injusticia, a la miseria, la crueldad, o a tantos otros sentimientos que nos hacen pequeños, ¿por qué no contarlo así? ¿Por qué no sentirlo así? Me pregunto, también, si acaso se puede contar y conocer una tragedia sin sentir absolutamente nada. Si el alejamiento debe o no debe ser la manera correcta de hacerlo.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Existe la posibilidad de que el cielo y el mar se tiñan de un color similar y parezca que se funden. Ocurre de noche, y a veces sólo un tímido reflejo lunar es el rostro de un mar en calma, negro a mis ojos, contemplado únicamente por esas pinceladas blancas y amarillas. Pero cuando ocurre en un día nublado o al atardecer, sin que tenga que ser la negrura el catalizador de esta maravilla, me parece magia. El mar y el cielo unidos en un manto uniforme, sin fisuras, provocando que no eche de menos ningún horizonte.

Entonces todo es calma, espíritu tranquilo, y la vida entera se me antoja sencilla. Como si pudieran unirse las mentes y nadie tuviera que entenderme. Sólo ser parte de ese manto infinito, entre el gris y el azul, y no tener que preocuparme de otra cosa que no fuera sentirme libre.

domingo, 3 de noviembre de 2013

If you're gonna try
and 
walk 
on water 
make sure you wear 
your comfortable
 shoes.


Submarine

miércoles, 30 de octubre de 2013

lunes, 28 de octubre de 2013

Como esos viejos árboles.

A veces la vida depende de una transfusión de sangre. Es curioso cómo pueden separar la vida de la muerta apenas unos latidos que no dependen de nosotros. Cómo alguien presta ese preciado líquido carmesí para que otra vida siga adelante. Cómo la salva, permitiendo que su corazón siga bombeando gotas de existencia.

Pero, ¿qué ocurre cuando no sólo de sangre se alimenta el corazón? ¿Por qué no pueden condensarse en milímetros cúbicos las fuerzas, las ganas, el aguante? Quiero dárselo todo igual que me lo dieron ellos a mí. Pienso en que ojalá la sangre lo arreglara todo, y no sólo la falta de vida, porque iba a dársela toda. Quiero librarme de la piel, del corazón, de cualquier cosa que esté en mi ser y dependa de mí. Porque todo lo que dependa de mí quiero dárselo. Incluso las lágrimas que ya ninguno tenemos; para que puedan desahogarse y, al menos por el efímero instante de calma que sigue al llanto, sean libres.

Quiero quedarme vacía, con las rodillas clavadas en el suelo, jadeante, al borde de la expiración si así puedo salvarlos. Quiero salvarlos. Quiero salvarlos porque ahora sé que esto no va a parar nunca. Sé que va a caminar con nosotros de la mano como una de esas realidades intrínsecas que nos llenan de sombras y nos clavan las uñas en el alma. Por eso quiero que se salven, que esto siga pero ellos se salven, y así ya no habrá lugar para mis gritos cuestionándome la injusticia o el equilibrio. Si ellos están fuera, me dará igual.

Cuando algo así sigue ocurriendo, el resto de problemas pierden importancia. Cuando una y otra vez acosa esta realidad dolorosa y tan constante, las pequeñas preocupaciones se me antojan apenas rasguños, arañazos inconscientes. Ojalá esto dependiera de una transfusión de sangre. De un mero intercambio de glóbulos rojos y plasma. 

Así intentaría al menos curaros las heridas desde mis venas, e iría remitiendo este frío en mis costillas. Frío que grita vuestros brazos, fuertes o débiles, abrazándome, siendo parte de mí y recordándome el concepto. Lo que significa, a pesar de todo el daño y los recuerdos manchados, a pesar de los pinchazos de angustia y los momentos de pánico. Recordándome lo que significa la sangre. Algo tan cotidiano y tan vital como la sangre.

miércoles, 23 de octubre de 2013

- Tina...
- ¿Sí...?
- ¿Sabes cómo se siente una persona en un desierto sin arena..., sin insectos..., sin aire... ? Así me siento yo.

Alfonso Vallejo.
Es increíble Madrid. Son las seis de la mañana, hace frío, es martes y ya hay gente en las calles. Siempre he pensado que eso de que las calles no están puestas aquí no se cumple porque creo que no se quitan nunca.

Volviendo a casa pienso en otra mañana, cada vez más lejos, en la que San Sebastián me daba los buenos días. Estaba muy gris San Sebastián. Y recuerdo que pensé en que era una mañana perfecta para un domingo, con el mar en calma y el cielo encendido en plata impulsando esa pesadez que se pega a la piel cuando el día está nublado. Como una invitación al alma, para que lo acompañe. He recordado que a pesar de todo sonreía, y el día no me podía parecer más amable, a pesar de las ganas de dormir y descansar por fin.

He conectado estos dos momentos porque en los dos mi sonrisa estaba cansada pero a gusto. En los dos momentos en mi mente brillan con fuerza ciertos reflejos a pesar de la oscuridad o el ambiente gris. Reflejos azules. Si cierro los ojos todavía puedo verlos.



viernes, 11 de octubre de 2013

Estoy sentada en silencio, pensando, cuando noto que alguien se sienta a mi lado y me abraza por detrás. Sé exactamente quién es sin necesidad de verle el rostro o escuchar su voz. Siempre acude a mí en ocasiones como esta. Jamás falla.

- Sólo estoy reflexionando. Necesito tiempo. Pero gracias por venir.
- Lo sé, por eso sólo me quedaré aquí. Contigo. Un rato más.

Cierro los ojos y me acomodo más en su pecho mientras pienso que ella piensa que no voy a aguantar mucho más sin hablar. Que al final siempre hablo. Exploto. Y ella está ahí para escucharme. Es algo que sé.

- Simplemente duele, ¿entiendes? Es una de estas veces en las que está el dolor bien adentro y tengo que esperar a que deje de gritar para asumirlo y afrontarlo.
- Lo sé, pequeña. Pero yo sé que puedes.

Volvemos a quedarnos entonces en silencio y a los minutos comienza a notar mi cuerpo trémulo, y desde las yemas de sus dedos me calma el agua y sal de las mejillas y me susurra que todo va a ir bien, porque estamos juntas. Yo sonrío amargamente pero agradezco su presencia. Como siempre.

- Recuérdalo, nunca debes responder a la amargura o a la venganza. Estás tú, antes que todo lo demás, y en tu integridad reside la clave para no volverte loca, pequeña. Asúmelo, como siempre. Acusa el golpe pero sigue adelante. Siempre habrá dolor... Así que no dejes de luchar cuando te haga mella. No te fíes, pequeña. No termines de fiarte nunca.
- Lo sé, pero...
- Tienes el mejor ejemplo en casa. Sabes lo que las decepciones pueden hacerle a un ser humano. Sabes cómo pueden reforzar la debilidad más primigenia. Sabes que puedes acabar como él si te abandonas a ti misma.

La miro atónita. Aprieto su mano entre las mías. Me calma.

- ¿Sabes qué? Cuando volvía a casa había en mi calle una chica joven llorando y gritándole a un chico que caminaba unos pasos por delante de ella. Le preguntaba a lágrima viva por qué la hacía sufrir así, que qué le había hecho ella a él para merecer ese trato. Yo he pensado al verla que podría estar como ella. Llorando y gritando. Incluso he recordado que hace años estuve así alguna vez. De verdad. Pero ahora prefiero parar y pensar. Reflexionarlo. Y, si lloro, no llorarle a nadie.

Ella me sonríe mientras me acaricia el pelo y yo voy notando el calor de nuevo en mi pecho, y cómo se va extendiendo por mis venas curándome el dolor que se me ha quedado atrapado debajo de la piel. Estoy lista para dormirme relajada y en paz, a pesar de que sé que va a marcharse, que va a dejarme sola otra vez. Pero esto funciona así.

- Te echo de menos-le digo.
- Volveremos a vernos, pequeña. Siempre que me necesites.

Y me besa y la beso segundos antes de verla desaparecer. Se disipa su imagen en blanco y negro y me quedo en la oscuridad de mi habitación pensando en ella. El dolor sigue aquí, pero con ella siempre recuerdo que puede pasar a formar parte de mí sin rabia, sin rencor, sin amargura. Como forma parte de nosotros alguien que se ha ido, a quien dejas de ver sin que puedas hacer nada y quien te hace aprender a convivir con su ausencia quieras o no. Pero sigue ahí. De alguna manera... Sigue ahí.

martes, 8 de octubre de 2013

Monica Vitti y Richard Harris se decían a sí mismos en El desierto rojo, de Michelangelo Antonioni, que tal vez existía un lugar en el mundo donde se estuviera mejor. Hastiados y confundidos, observaban un mapamundi con dicho interrogante en los ojos. Ese era su anhelo. Porque sólo así podrían escapar. Escapar de esos paisajes desolados que presentaba Antonioni y también de ellos mismos, de sus desviaciones e incertidumbres.

Yo nunca he dudado sobre si existe un lugar mejor en el mundo. Sé que sí, aunque también sé que depende en gran parte de si queremos dar con ese lugar o no. Sin embargo, hoy ante mi propio mapamundi no puedo evitar preguntarme si existe un momento de pausa, de paralización total de la existencia.

Apenas un instante en el que pueda vaciarme por completo y no ser más que un ente. Nada más que un espíritu todavía sin corromperse o mancharse, sin haber sido llenado de absolutamente ninguna experiencia. Quiero una pausa. Un momento de amparo en el que no tenga que contestar preguntas, cuestionarme, sostener a nadie más, preocuparme, tener que sonreír aunque no quiera, fingir que todo va bien, tener paciencia, dar explicaciones, cometer actos racionales, pensar en los demás, sentir todo lo que sienta, reflexionar, hablar, consolar a alguien, escuchar. Quiero desconectarme. Ser solamente un recipiente que tenga que volver a llenarse. Respirar fuerte o lentamente con la tranquilidad de que nadie va a escuchar mi aire, o mis sollozos. Vaciarme. Aunque sea consciente de que pasados unos segundos tendré que recoger mis miserias del suelo y volvérmelas a cargar a la espalda para seguir caminando.

Estoy exhausta. Lo noto en el dolor en el pecho y en mis pasos vacíos cuando camino a cualquier parte. Estoy tan cansada que sólo alcanzo a extender ese mapa tan mío, tan visceral, y acordarme de esos dos personajes, perdidos y a ratos derrotados, que el maestro italiano erigió con ayuda del celuloide. Así como de la frase que puso en sus labios, y de la que me adueño tras una ligera modificación, porque de alguna manera la llevo grabada en la piel.

Quién sabe si existe en el mundo un instante donde se esté mejor. Tal vez.

domingo, 6 de octubre de 2013

viernes, 4 de octubre de 2013

miércoles, 2 de octubre de 2013

Hey, open wide here comes original sin

- Nunca quisiste ser la novia de nadie y ahora eres la mujer de alguien.
- Hasta a mí me sorprendió.
- No creo que yo llegue a entenderlo nunca. Vamos, que no tiene mucho sentido.
- Surgió sin más.
- Pero eso es lo que no entiendo, ¿cómo surgió sin más?
- Sólo... Sólo me levanté un día y lo supe.
- ¿El qué?
- Pues lo que no supe seguro contigo.


(500) Days of Summer