viernes, 27 de agosto de 2010

No habléis de amor. Ni os enredéis con historias a estas alturas. ¿Os gustáis? ¿A ti te gusta ella? Una declaración no debe contener por norma general el verbo amar. ¿No merece la pena saltarse los pasos de las películas y besarla lentamente para ver qué se siente? La vida está hecha de riesgos, y el camino que seguimos lo tejen éstos mientras se cruzan. En intentarlo está la clave. Nadie se enamora con sólo mirar a alguien a los ojos, es una mentira. Cupido murió hace mucho, y no hay nadie que haya perpetuado el legado de sus flechas.
Sólo sé que no hay que tener miedo a equivocarse. Ni tampoco aspirar a encontrar el amor eterno en esas pupilas que nos observan, sin intercambiar una palabra, un roce de manos, o el sabor de otra piel distinta. Hay que probar y aprobar miles de cosas. Por ese motivo, no habléis de amor si estáis todavía en el maravilloso juego de los nervios y las primeras veces. Si quiere venir, vendrá. Os enamoraréis y será otro mundo... Diferente. Extraño al principio.
No obstante, ahora... no estropeemos el presente con un futuro que no sabemos si llegará. Y menos en los asuntos que incluyen latidos de corazón que encienden el alma.

jueves, 19 de agosto de 2010

Es que te falte algo, a pesar de que sabes que lo tienes siempre y que acabas de dejarlo. Es sentir en tu piel algo distinto pero del mismo nombre, un cosquilleo que quema en las yemas de los dedos cuando te roza. Es hacer todos los días lo mismo, pero seguir estando lejos de la rutina; cuando es rutina y te la quitan, lo agradeces, esto, sin embargo, te falta en silencio si desparece. Aunque no desaparece del todo, sino que solamente se vaporiza unos días y te lo trae el viento, en cada vez que suspiras. Él está conmigo. Es su olor, su voz, sus sentidos que son los míos, sus ojos que chispean en la memoria, el calor, las ganas.

Echarlo de menos aún hoy... Hoy, hoy mismo, como la primera vez que me marché y nos separamos. Eso sigue siendo magia.

jueves, 12 de agosto de 2010

Hay muchos tipos de amor y eso es algo que he aprendido con el paso de los años, a base de conversaciones y ojos abiertos, alguna comparación (de esas odiosas) y escuchar mucho. Pero si hay algo de lo que estoy segura, al mismo tiempo, es que el sentimiento, en su esencia más pura, es idéntico. Y no es contradictorio, de verdad que no. Es como un cuadro que todos vemos pero del que sacamos impresiones distintas. El corazón nos late de distinta manera ante un mismo signo, y por eso, a veces, caemos en el error de juzgar que eso, eso que vemos, no es amor.

La diferencia radica en que, a mi juicio, quien no ha sentido amor jamás sentirá si eso lo es o no, si merece la pena luchar por una persona. Porque no lo entiende. Y de veras que me apeno muchísimo cuando esa persona, vacía de este grandioso sentimiento y llena de inquietudes de plástico, sólo demuestra estar llena de odio y de rabia acumulada, la cual trepa poco a poco por su alma escupiendo celos. Lo peor es cuando esa persona cree que de verdad sabe de amor.

Y fijaos que no me gusta hablar de esa palabra, que en ocasiones se me antoja gastada y llena de costras de lo que la han maltratado, pero me siento feliz cuando en mi interior soy consciente de que lo he sentido y he tenido ese privilegio. Por eso, desde mi cuarto y mi retahíla de experiencias en estos viajes prohibidos que nos otorga sentir, deseo que se pase. Que se pase todo ese odio y esa inexperiencia que acaba malgastándote desde adentro, haciéndote sentir mecánicamente especial, sabiendo en tu interior que es todo mentira.

Alguna vez te llegará, cuando dejes de resguardarte en esa coraza de falsedad, y entonces... Sabrás cuánto has errado.

domingo, 1 de agosto de 2010

Yo corregía tus textos con alma infantil mientras tú marchabas a aspirar otros olores. En mi corazón palpitaban tus palabras porque era una niña, e inexperta, y en mis ojos resonaban tus frases como los mismísimos mandamientos. Mientras tanto tú... no sé. Tú no sé. Pero después de tres años he recobrado la cordura, me he cortado los hilos de ese tiempo, y aunque ya soy una persona distinta también fui la niña de quince, y por eso en lo más hondo me daña. Porque soy la misma, con la espalda más cargada o no, pero la misma. Y por ello sé que mis ojos han cambiado esta noche. Ya no verán igual.

miércoles, 28 de julio de 2010

-Te llevo en las entrañas- me dice.

-Y yo en la boca, para llamarte puta. Pero sólo cuando estoy muy borracho o te echo demasiado en falta.
Y eso duele y otra vez y luego otra vez más. Porque a veces odio saber contar sólo porque así soy capaz de contar los minutos. Cuando no importan, te apena que pasen. Cuando sí que importan, las agujas son dos armas letales que llenan de cricatrices la garganta. Justo donde se juntan las lágrimas para atacar tus pupilas desde adentro. Estamos pasando más minutos discutiendo que viéndonos las caras. Porque vernos las caras no cuenta si están demasiado ocupadas nuestras lenguas desconociéndose para escupir palabras y no llegar a nada. A nada. A más batallas perdidas con el núcleo de mi garganta. A tardes que pasan enteras, tonterías o no, sin que estemos juntos. A que yo me voy en un mes, y aun así tiramos las horas a la basura. Porque aunque ahora podría ir a tu casa y despertarte mientras rompo tu timbre, mi corazón me pide que me quede. Que me quede y no vaya. Y son las ganas, que se atrofian justo donde se atrofiaron las tardes sin tener que pensar qué hacer. Porque siguen pasando los minutos y yo los cuento, sin poder evitarlo. Sólo puedo ver que es un minuto más sin ti y un minuto menos para marcharme. Y que luego, si te veo, estoy perdida. Como si ya no nos conociéramos. Por eso no quiero ir ahora a tu casa, porque estoy perdida. Y porque las tortitas las he tirado todas; ni siquiera he llegado a juntar los ingredientes.

martes, 27 de julio de 2010

Después de soñar contigo, por fin voy a ir a visitarte. Aunque no sirva de mucho esa visión a ciegas. No... Él no viene, esta vez tampoco. Sí, ella sí, porque ella sigue siendo poesía.

Gracias.

lunes, 26 de julio de 2010

Nos volvimos todos hacia ella, como siempre que sonaba un teléfono móvil en la biblioteca; resultado de la monotonía y el tedio del estudio: a cualquier sonido, nuestras cabezas se despegaban del libro de texto para buscar un resquicio de aventura que nos salvara de esa tarde tan igual a tantas otras. Por eso la miramos, y ella se disculpó en todas las direcciones por no haberlo puesto en silencio. No obstante, parecía nerviosa, como si esperara de verdad esa llamada. Colgó del susto, pero al minuto se levantó y salió de la sala para atender la llamada.

Me llamó la atención su ropa colorida: verde y rojo combinados en formas extrañas, con figuras que se extendían por su camiseta. Cuando se fue dejó ver su parte de la mesa, llena de apuntes desordenados y la carpeta a medio cerrar. Al fin volvió, pero muy sigilosa, y no mucha gente la miró. Yo sí. Porque traía la mirada perdida e iba dando pasos cortos mientras se tambaleaba y se apoyaba en las mesas para no perder pie, como si hubiera recibido un balazo mortal y las fuerzas se estuvieran escapando de su cuerpo junto con su sangre. Su expresión había cambiado, ya no había alegría, sino vacío. Y caminaba perdiéndose en ese mismo vacío, hasta que llegó a su mesa.

Recogió los apuntes tal y como estaban, y se llevó la carpeta, sin ni siquiera cerrarla. No los guardó, ni se los metió en el bolso; simplemente dio un par de manotazos para juntarlo todo y se marchó con el mismo paso tambaleante. Me quedé mirando unos segundos el pasillo por donde se había perdido, y al rato me fui, hambrienta y con ganas de disfrutar del resto del sábado.

Cuando salí del centro me topé con ella otra vez. Un hombre la sostenía en los brazos mientras ella luchaba por no partirse en dos y caerse de bruces al suelo. Se había puesto unas gafas de sol, pero no tapaban su rostro descompuesto ni los gemidos que salían de su boca. Desprendía ese dolor que te desconfigura la sonrisa, el que te hace sentir todos los músculos torcidos, el dolor que te atraviesa de verdad. Se le cayó la carpeta y el hombre la recogió mientras hablaba por teléfono, como si la cosa no fuera con él.

A los pasos volví la vista atrás para comprobar si seguía igual, y así era. Supe que ese llanto sólo podía llevar el nombre de ella, de la dama de negro, y sentí tanta pena que estuve tentada de volver sólo para abrazarla. Pero seguí caminando, ya sin hambre, con el recuerdo fresco. Tan fresco que me acuerdo hoy de ese día y todavía siento escalofríos.

martes, 20 de julio de 2010

Siempre dices que te parece maravilloso cómo las hojas que han caído en invierno reaparecen en primavera sin que apenas nos hayamos dado cuenta de que estaban naciendo otra vez. Mientras hablas se te suelen iluminar los ojos, porque ya estás cerca de tu camino, muy cerca, y aunque haya habido demasiados baches... Vas a conseguirlo.
Y en ese brillo pienso mientras escucho esta canción maldita, la que habla de un músico que se tiene que alejar de su amor por su música. Y aun así le dice que siempre será suyo, que está en su mente a pesar de los kilómetros.
Me entra un pánico atroz porque, si he caminado de tu mano estos días, ¿qué voy a hacer ahora? ¿Quién me va a besar cuando mi tobillo se tuerza o caiga rendida negándome a continuar el sendero? La respuesta ya la sé, porque serás tú. Porque esto es como la primavera y el invierno. A pesar de que a veces el terreno parezca yermo, al final siempre vuelve. Siempre vuelve la vida y se llena de verde, nos llenamos de verde, y en eso reside la magia. En que siempre vuelve.
Y aunque yo no sea un music man... you stand by me. Y, ahora mismo, I'm forever yours.

lunes, 19 de julio de 2010

Voy a dejar mi vida aquí. Me joda lo que me joda, es lo que va a pasar si lo pienso; ya no será mi vida, sólo destellos de lo que fue, mezclados con la actual, en la gran capital, con tanta contaminación.

En mis dieciocho años he dudado muchísimo en lo que hacer cuando acabara el instituto, y al fin se abrió una luz y noté mis ojos llenos de ganas cuando pensaba en estudiar cine. Pero el cine es caro, al menos estudiarlo, y elegí la carrera pública que más se acercaba: Comunicación Audiovisual. La pena es que estaba en Madrid, en Zaragoza, aquí, solamente en la privada. Entonces me di cuenta de que no hay que estudiar para hacer lo que quieres, al menos no del todo. Lo que hay que hacer es poder pagarlo.

Después de muchos dolores de corazón supe que si quería hacer lo que de verdad me gustaba tenía que marcharme. Y de verdad creo que esta decisión es de las más dolorosas que he tomado nunca. Sé que arriesgo y que pierdo mucho aquí, aunque soy consciente de que ganaré mucho allí también. De todas formas, a todos nos costó adaptarnos pero al final parece que la idea cuajó.

Entonces comenzó mi búsqueda de becas, trabajo y trabajillos que me dieran dinero para no hipotecar a mis padres al irme. Parecía que todo estaba hablado, que nos habíamos hecho a la idea y a un día de que salgan las listas para ver si estoy admitida allí... Resulta que me voy no porque quiera estudiar lo que hay allí, sino porque soy una hija egoísta que lo único que quiere es irse de casa.

Con la de lágrimas que me ha costado hacerme a la idea de que me voy a marchar, esto es lo último que esperaba. Me ha partido en dos y no sé... No sé ya lo que soy.

jueves, 15 de julio de 2010

El abismo más inmenso se abrió a sus pies y pensó que había muerto, y que eso era el infierno. Tanto dolor en el pecho no podía ser humano, de verdad que había tenido que morir. Las luces artificiales del pasillo bizquearon un instante cuando él golpeó la pared con los puños roto de pena, y todos callaron sin intentar calmarlo, porque ni siquiera ellos lo entendían. ¿Cómo se podía comprender una cosa semejante? Por un momento sintió que caía sin remedio, y sus rodillas chocaron contra el frío suelo cuando perdió el equilibrio y comenzó a llorar sin poder pararlo.

La médico se retiró de su lado diciéndole con serenidad fingida que si él quería le podían traer un calmante. Él sólo deseó un avance científico de locos, o una máquina del tiempo que se comiera los años gastados, para volver a arrancar las hojas del calendario. Se maldijo y en su locura momentánea intentó arrancarse el corazón para arrojarlo por el ventanal y que dejara de latir. Por fin se puso en pie y llegó hasta la puerta. Una punzada de angustia le susurró con malicia que esa iba a ser la última. Que de allí no iba a salir, y sus pupilas se nublaron queriendo escaparse de sus ojos para hacerse ciegas.

-Está dormida- oyó al abrir la puerta. Pero él no contestó.- Ahora duerme-repitió, y al ver que no contestaba lo dejó a solas con ella. Unos minutos no iban a hacerle daño. Al menos, no más daño.

Él se sentó al lado de su cama, y la observó tan tranquila y niña que quiso despertarla y llevarla en brazos hasta el fin del mundo. Parecía que al cogerla iba a pesar menos que una pluma, tanto que podría echarla a volar. Porque en realidad era un ángel. Le besó las manos, y siguió observando su rostro con una frase en los labios.

-Me vas a matar, mi amor...

Y lloró en su regazo hasta que cayó rendido en esa extraña posición. Todavía angustiado, sintiendo su corazón latir y preguntándose de qué le iba a servir cuando ella le diera la razón a los médicos. ¿De qué servía entonces su alma, esos latidos del demonio, si no eran capaces de mantener vivos a los dos? Si ella moría... ¿Qué sentido tenía su vida si ella moría?


lunes, 5 de julio de 2010

Las cosas no cobran sentido por sí solas. Somos nosotros los encargardos de otorgarles un valor especial que las haga cobrar significado. Por eso considero inútil realizar algo sin sentirlo de verdad o mantener algo que sólo nos produce calidez en el recuerdo. El recuerdo sirve para que podamos confeccionar un archivo de hechos pasados que nos ayuden a moldear el resto del camino; pero los recuerdos son, casi siempre, irrepetibles y en darnos cuenta de ello reside uno de los aspectos más dolorosos de nuestra existencia.

Nada es especial por sí mismo. Casi siempre somos especiales a otros ojos y a otros sentidos que nos ven de manera muy distinta a cómo nos devuelve nuestra imagen el a veces temido espejo. Y considero eso mágico. Ser yo misma pero, al mismo tiempo, ser cientos de personas diferentes para cada uno que me conoce. No hay una percepción igual a otra, y lo más misterioso es que no existe manera humana, hoy en día, de comprobar esta afirmación que hago.

La ciencia no lo posee todo, puesto en nuestra mente sigue siendo algo inalcanzable. Sobre todo cuando se enlaza con otras, a través de los ojos, y en los mecanismos internos se dan reacciones que aún no tienen nombre. Imagino que estas reacciones son las encargadas de hacer las cosas especiales.

Algo que para otra persona carece de signicado, es un templo para otra. Por ello, cuando ese templo deja de iluminarse y pierde sentido, se vuelve un hecho banal, rutinario y lleno de monstruos pasados.

miércoles, 23 de junio de 2010

Debajo llevan los labios pintados de carmín, porque les gusta, y algunas incluso rodean sus ojos con lápiz de carbón. Aunque no se las vea.

Pienso qué será ahora de aquellas que nacieron rodeadas de burkas, y se casaron con un hombre que creció rodeado de burkas. Me recorre un escalofrío la espalda cuando llego a la conclusión de que muchas lo llevan por devoción y respeto a una religión y una tradición común, sí, pero las otras... Aquellas otras que fueron obligadas por el autoritarismo de sus padres y el silencio de sus madres -o viceversa-, para caer después en manos de un hombre que recogió el legado de sus suegros. ¿Qué ocurre ahora con ellas? Vinieron aquí tal vez buscando una mejora en sus vidas, pero, ¿y ahora?

Se me vienen a la cabeza los ojos llorosos de sus hijos cuando sus padres gritan: gritan porque está prohibido y aun así debe llevarlo, gritan porque está prohibido e incumpliendo la prohibición han llegado a casa con una multa que no pueden pagar. ¿Con qué cara un agente de la ley le dice a una viadante que debe multarla porque la libertad exige la prohibición de su atuendo?

No estoy a favor de que se asfixien dentro de esas cárceles de telas gruesas y opacas; lo veo una aberración y un peligro para la salud. Pero sólo sé que si lo llevan es por algo, y que en mi concepto de libertad no está incluido el verbo prohibir. No sé si este pensamiento me hace peor persona, pero en mi defensa diré que en un planeta donde viven casi seis mil ochocientos millones de personas diferentes no podemos exigir que todos los pensamientos funcionen como el nuestro. Porque no es así.

viernes, 18 de junio de 2010

Una de las peores armas es una pluma, si tienes ganas de cargarte el mundo. De reventarlo desde abajo, desde lo que abarcan tus propios ojos, y esa rabia la traduces en palabras que nos retratan como la raza más despiadada que jamás poblará la Tierra. La desventaja es, a mi juicio, que el alcance de dicha arma varía bastante. Es lo que tiene la cultura, que hay gente que se resiste a darle importancia.

Pero yo creo que él pensaba como yo, y por eso nos arrancó la piel a todos para dejarnos desnudos. De sus manos salió el mejor libro que he leído nunca. Porque a través de la más retorcida y alarmista situación imaginaria, consiguió que tomara conciencia de que no tiene sentido hablar de un mundo que destroza si no te incluyes en ese mundo. Lo considero un hacedor de milagros, porque, a pesar de su tono crítico, supo encuadrar sus historias de una manera maestra que impidió que éstas desaparecieran.

Y hoy le arrancaba el último suspiro a este mundo del que tanto ha hablado y al que -estoy segura- amó tanto. Se nos ha ido uno de los mejores maestros que he tenido el placer de conocer. Así que, ahora, esté donde esté, ya sólo queda la inmortalidad que le dieron sus libros. Su ceguera visionaria.

domingo, 13 de junio de 2010

-¿Por qué sonríes de medio lado?
-¿De medio lado?
-Sí. Al sonreír, sólo levantas una parte de la boca. ¿Sabes cómo te digo? De medio lado, como si te estuvieras pensando si sonreír o no y te quedaras a medio camino.

No sabes cómo te digo, no. Lo veo en tu cara, porque si algo sabe la gente de ti es que eres transparente. La gente y yo, por supuesto. Aunque a veces eso duele más que si disfrazas tus sentimientos, porque cuando me voy en expedición a tus adentros siempre acabo viendo que no me amas.

-Chica, no sé. Pues porque me sale así...
-¿De verdad que nunca te has fijado en cómo sonríes?
-No, creo que no. ¿Por?

Porque yo sí. Porque yo me sé tu sonrisa como si la tuviera tatuada en la retina; y así era, que la veo en todas partes, mire lo que mire, ahí estás tú. Lo peor es que tú lo sabes y por eso te alejas, pero al mismo tiempo nos gusta estar juntos. Me gusta a mí, y te gusta a ti, y por ello no entiendo que nunca, nunca, me beses. ¿Qué falta?

-Por nada. Por qué va a ser...
-Estás muy rara hoy. ¿Qué ocurre?

Nada. Qué puede ocurrir. Lo de siempre, un día tras otro, a tu lado y sin tenerte. ¿Qué clase de broma puede ocurrir que no fuera esa? No sé si... No sé.

-Nada. Qué puede ocurrir. Lo de siempre, un día tras otro, a tu lado y sin tenerte. ¿Qué clase de broma puede ocurrir que no fuera esa? No sé si... No sé.
-¿Qué?
-¿Cómo que qué? Lo que oyes.

La he liado de verdad. No pensaba que se me pudiera ir tanto la cabeza como para decírselo. ¿Estoy idiota o qué? Pero es que él ya lo sabía, era un secreto a gritos. ¿Qué hago? Me está mirando y no sé qué decirle.

-A ver, quiero decir...

A tomar por culo. Voy a besarle.

sábado, 12 de junio de 2010

Ya no soy la chica de doce años que soñó de golpe cuando llenaste su cabeza de nombres, obras, recuerdos y sensaciones. Ya no lo soy, porque he crecido, pero sigo soñando con la cabeza llena de historias: más serias y creibles, pero historias al fin y al cabo, y todo el mundo sabría que sería mentira decir que a veces no sueño cosas imposibles.

Tengo grabadas en la memoria cada frase. Cada personaje. Cada punto álgido de la representación que me hacía vibrar o me libraba de la presión de soltar al texto o, simplemente por la trama, lo amaba. He tenido que aprender mucho y experimentar sensaciones que no concebía pegadas a mi piel, pero aquí está la magia. En la mentira y la falsedad que creamos de tal manera que parezcan ciertas. Una farsa, como siempre, como cuando nació esta fiebre hace miles de años.

Recuerdo a Quiteria y su mal genio, y recuerdo también la primera vez que le grité a Nacho y cómo abriste la boca porque ¡hay que ver qué mal genio tiene esta chica! Muy bien, Elena, ¡muy bien! También a la angustiada sin más sobrina del Quijote. Y a todos los personajes que me poseían cuando nos calzábamos la nariz de payaso de siempre y enmudecíamos para aprender a expresarnos sin las palabras.

Y llegaron más. Llegó Greta, Rania, Pluma Blanca, Pata Negra y el abanico de nombres enrevesados que nos dejó Bocaccio como legado y que estaban recogidos en la sencillez absoluta de Dama 1 (Giacmina, Falopina, Tessa, Myriam...).

Pero, como te dije ayer, el que verdaderamente me ayudó a crecer fue Pata Negra. De su voz ronca y su cojera conseguí construir una parte de mí a base de días tristes, lágrimas de impotencia y esfuerzo. Pero lo conseguí, lo conseguimos, y ahora soy como soy en parte por ella. En parte por ti.

Cuando alguien diga que esto no sirve para nada es que no ha hecho teatro nunca. De ninguna de las maneras: no sólo en un escenario, sino también con cualquier broma inocente una noche de risas, un momento de drama. No será consciente, pues, de la cantidad de vidas que llegamos a vivir los que actuamos -los locos que actuamos-, los sentimientos que conocemos... ¿No se erige como un privilegio la posibilidad justificada de dejar de ser tú? Completamente. Para bajar y recobrar mis sueños, mi timidez, mi futuro palpitante que me aguarda unido a este mundo. Es lo único que sé.

Eso y que ha sido tan maravilloso que no puedo estar triste. Que te echaré de menos, muchísimo, pero volveremos a encontrarnos. Porque, en realidad, buscamos la inmortalidad, y somos inmortales.

La vida... No tiene fin.

domingo, 6 de junio de 2010

Era la dueña de la luna entera. En sus manos tenía el patrimonio más rico que había conseguido nunca. "Te guardas uno para después, ¿eh? Ahora si quieres te comes uno; pero sólo uno, señorita." Ella había contestado obediente a su madre que sí, pero lo que su madre no sabía, desde esa gran altura que le otorgaba tanta sabiduría, era que la había sumergido, a la vez, en la peor disputa de su vida.
Se sentó en su rincón de pensar y luego cambió de postura tumbándose de lado y sintiendo el frescor de las baldosas. ¿Cuál? Por un lado... pero por el otro... Recordó todas las historias que le habían contado y que empezaba a leer bien orgullosa de sí misma y se sintió una heroína. Iba a ser valiente, valiente de verdad, una verdadera heroína merecedora del trono hecho de polvo de estrellas que la aguardaba en la luna. Su decisión iba a ser muy importante, y era consciente, pero iba a obrar con justicia y sabiduría. Aunque no fuera tan alta como su madre.
Respiró hondo dos veces, frunció el ceño y se sintió mayor. Con estudiado cuidado, desenvolvió, finalmente, el envoltorio dorado. Lo observó unos segundos y prosiguió la operación con suma concentración. Apenas el caramelo había rozado su boquita, pensó que había cometido un error incalculable. ¡Cómo iba el trono de la luna a pertenecerle así! Tendría que haber elegido el otro, estaba claro. Pero el caramelo ya se deshacía en su interior, y tragó sin lograr disfrutar su sabor.
Se quedó pensativa un instante. Tal vez dos. Se aseguró de que el pasillo de su casa estaba desierto, desplegó a todo su equipo de seguridad imaginario, y desenvolvió el otro caramelo sin hacer ruido. No se iba a enterar nadie. En su mente sonaba música de intriga, como la de las películas de mayores, y entrecerrando los ojos saboreó el caramelo verde.

No supo por qué, pero mientras el segundo se movía en su garganta pensó que todo eso del trono de la luna era una tontería y que qué deliciosa estaría en ese mismo momento una gran tarta de fresas.

viernes, 4 de junio de 2010

Hay veces que cuando sonrío me siento ridícula. Muy ridícula. Pienso que es porque sé que a mi sonrisa plena le acompañan mis pómulos que suben, y la barbilla que se afila todavía más. En mi interior pienso, mientras sonrío, que debo de estar espantosa. Vista desde fuera. Pero si sonrío tanto para sentirme ridícula es porque el momento lo merece.

Porque también tengo otras sonrisas. La media, la tímida, la triste, la educada y la que suspira. Hay miles. Y en ocasiones me han dicho que es preciosa, pero yo sigo viéndome más guapa seria. Con los músculos relajados y en calma, yo totalmente en calma. La tristeza es otro cuento, otro escenario donde actuar, pero entonces no pienso en si estaré bonita o no. En esos momentos sólo hay abandono y apatía (supongo que todos os conocéis en esos momentos, cuando ya no preocupa si estás guapo).

Lo noto sobre todo en los pómulos, que al subir acompañados de mis mofletes me dan un aire a veces diabólico. A mí no me gusta. Porque además me empequeñece los ojos y mira que es paradójico: cuando sonrío es cuando más grande tengo la mirada.

martes, 1 de junio de 2010

Debería descorchar una botella de champán, o algo así, pero no puedo. Me he dado cuenta de que después de todo esto me tengo a mí misma, y es una sensación extraña, porque es como si no pudiera salir de aquí. Después de días y días de sonrisas torcidas y miradas borrosas después de haber estado sobre los apuntes... Ya está. Se ha ido. Prácticamente cualquier resquicio del instituto está siendo borrado en estos momentos. A él volveré, me imagino, como un antiguo polluelo más, a contar qué es de mi vida, la carrera qué tal. Y todo eso que se dice.

Simplemente perdida. Tras la alegría inicial y las felicitaciones diversas, me hallo en un torbellino. Sólo una semana más, un último empujón, y en tres meses... Todo sería más fácil si comenzara a beber champán, ¿no creéis? Pero sola no tiene mucha gracia. Just a week.

sábado, 29 de mayo de 2010

Para algunos es una manera de supervivencia y una forma de expresarse, mientras que a otros les pilla de sorpresa y no salen de ella hasta que se rompe. Para todos, no obstante, el juego se quiebra cuando lo besas. Siempre es así.

Hablo de ese tipo de sensación de la sutileza flotando entre dos corazones que se aceleran cuando se aproxima el cuerpo que provoca ese compás. El acercamiento, las manos recorriendo emplazamiento estratégicos: aquellos que fijan la frontera entre llamar a la puerta y atravesarla de golpe. No sé si a los cuarenta años seguirán este tipo de juegos peligrosos, pero puedo asegurar que los abanderados absolutos somos los jóvenes.

Como ayer leyeron, en estos momentos lo que importa es el camino que recorres. La finalidad es importante, pero no marca más que eso, un final; todo lo interesante se teje antes de las manos que se encuentran y dos labios que se buscan por fin de manera directa. Lo que despierta los aleteos del alma más física es la búsqueda indirecta de esos labios, el roce, las miradas, la media sonrisa y los pasos estudiados que deben parecer totalmente naturales. Se desea el encuentro, pero se disfruta el proceso de encontrarse.

Por eso insisto en que el beso tiene que ser, casi seguro, la vuelta a la realidad. Porque allí se acaba el camino y, aunque pueden abrirse nuevas fronteras, los más asiduos a estos juegos prefieren volver a empezar con otras cartas diferentes. Me viene a la cabeza esta reflexión mezclada con los recuerdos de anoche; oficialmente se llama atracción sexual, pero a mí también me gusta llamarlo misterio.