viernes, 4 de agosto de 2017
El Silencio.
Como animales hambrientos.
miércoles, 2 de agosto de 2017
El vértigo.
viernes, 28 de julio de 2017
Etapas.
lunes, 24 de julio de 2017
jueves, 20 de julio de 2017
El cumpleaños.
lunes, 10 de julio de 2017
martes, 4 de julio de 2017
El pasado.
lunes, 3 de julio de 2017
La emoción.
lunes, 26 de junio de 2017
"La violencia engendra violencia"
¿Cuántas veces voy a acabar la jornada pensando Bueno, no ha estado tan mal el día? ¿Y cuántas veces, después de eso, me voy a meter en una sala que va a reducir mi existencia a lo más insignificante?
Cómo puede uno conformarse teniendo delante a esos actores, que sudan y padecen, que gritan y se carcajean, que desgranan cada sílaba para formar palabras que forman frases que, a su vez, forman cuadros vivos de nuestra existencia. Cómo no me van a agitar sus palabras.
"Palabras, palabras, palabras", dirá Orestes.
Sí, palabras, le responderá su madre, las palabras y el cuerpo son lo único que tenemos.
Cuando he llegado a casa, ya de noche, sólo quería escribir. Y C., al ver que no quería conversar, me ha preguntado si estaba bien y le he dicho que tenía que darle vueltas al coco.
"¿Vueltas al coco por lo que pueda pasar este fin de semana?", me ha dicho.
Me ha costado entenderla. Porque la carne, las camas, los juegos terrenales me quedaban muy lejos cuando abría la puerta del portal con ansia, cenaba con ansia y pensaba con ansia. No, no pensaba en el fin de semana, sino en hoy, en el momento presente, en mi cuerpo y las palabras, en este ahora que me sacude, cada día más, pidiéndome que le ponga un nombre a cada historia.
viernes, 9 de junio de 2017
viernes, 19 de mayo de 2017
"¿A qué no sabes dónde he vuelto hoy?"
martes, 16 de mayo de 2017
La nota pegada en la puerta de la nevera.
Yo ya no te puedo ayudar.¿No lo recuerdas?
lunes, 8 de mayo de 2017
sábado, 6 de mayo de 2017
El grito.
Si tú supieras
que quería gritarte que te quedaras
conmigo.
Pero no puedo. Me he encerrado en esta posición de enferma de lo racional porque así es mi escudo y no soy ni siquiera capaz de gritar a nadie que no sea yo misma (cuando nadie me escucha). Me gustaría gritarte, de verdad, avisarte de que voy a hacerlo, y hablarte de todos mis porqués, de mis sacudidas y de mis miedos.
Pero no es mi momento. O quizás sí, y prefiero pensar, razonar, que ya lo fue, y así me excuso, y sigo protegida, con un escudo que ya se resquebraja, mientras vuelvo a casa gritándo-me, hablándo-me. Como si tú estuvieras en algún lugar, escuchando, y mi grito tuviera algo de sentido.
miércoles, 3 de mayo de 2017
El despertar.
- No me puedo creer que esté sufriendo.
Lo dicen los nervios danzando en mi tripa y las agujitas de angustia que de vez en cuando acuden a mi pecho. También mi mente, que no para de pensar, y recordar, y de trazar conclusiones que hasta hoy tenían polvo.
Recuerdo la angustia como algo malo. Recuerdo esa emoción como el principio del fin, como la marca en el calendario que hizo que mi cabeza hiciera clic. Y, ahora, sin embargo...
Yo pensaba que la angustia siempre era algo malo.
Pero resulta que hoy. Ahora. Parece que estoy despertando.
