martes, 2 de julio de 2013

Y siempre es viernes, siesta de verano.



Pero sucede también
que, sin saber cómo ni cuándo, 

algo te eriza la piel 
y te rescata del naufragio.

sábado, 22 de junio de 2013

Hay personas que parece que no se dejan querer. Que priman sus intereses a la amistad o que piensan que cualquier tiempo futuro será mejor y, aunque ojalá eso fuera cierto, les sirve de excusa para menospreciar su presente. ¿Por qué? A lo largo de todos estos años de  idas y venidas, lo más positivo que puedo sacar, aparte de todo lo aprendido, es todo lo vivido. Y yo no habría vivido sin todas aquellas personas que han llenado, y llenan, mis días de experiencias con nombre, con recuerdos compartidos y sobre todo con la compañía que me ha hecho ser como soy. Uno de mis objetivos vitales es viajar, moverme, no cesar en conocer otros lugares, y ello, aunque enriquecedor, resulta doloroso porque para mí es inevitable ir separándome de personas en el camino. Pero eso es lo que me hace sonreír. Precisamente tener personas de las que separarme. Personas que echar de menos, con las que hablar de vez en cuando como si no hubiera pasado el tiempo, con las que contar, personas que probablemente me esperarían en la parte del mundo donde viven. Para mí en eso consiste, en un alto grado, vivir. Por eso no entiendo a la gente que se niega, que desprecia esta parte tan maravillosa de la existencia. Que evita mirar atrás o disfrutar de su presente porque confían en que el futuro les traiga mejores experiencias. ¿Qué mejor experiencia que la que se vive ahora? Qué triste debe de ser haber recorrido tantos sitios y no haber conservado ni una persona con quien compartir esos recuerdos siempre que se quiera...

sábado, 8 de junio de 2013

Y ahora
si tiemblo de dolor,
y si aúllo de dolor,
y si ladro de dolor,
y si ululo de dolor,
es por ti,
Marylin.
Es por ti, 
mi Marylin.


domingo, 26 de mayo de 2013

Si hay algo general que se aprende, o se lee de pasada, en cualquiera de los saberes es que el ser humano es un ser social. Por lo general, necesitamos las relaciones sociales y en torno a ellas se basan los cimientos más fuertes de nuestra existencia. Aunque haya veces en las que marchemos solos siempre tenemos como motor las personas que encontraremos más allá y las personas que nos esperan en el paraje que acabamos de dejar atrás. Necesitamos amarnos, completarnos, conversar tanto como necesitamos discutir, odiarnos, decepcionarnos. Ser feliz a consecuencia de otros se equipara a sufrir a consecuencia de otros en el sentido en el que no sería igual si estuviéramos solos.

Sin embargo hay ocasiones en que los límites se vuelven difusos y confundimos nuestro individualismo con nuestra capacidad de relacionarnos. Nos empeñamos en ser grandes dejando a otros pequeños y queremos convencernos de que este acto es inherente a nuestra naturaleza. ¿Por qué? ¿Por qué gastamos tantas energías en sentirnos mejor o peor respecto a otra persona, en crecernos haciendo a otros menguar, en caer en el abismo de la comparación no legítima?

Es un abismo porque de ahí nunca se sale. No hay desenlace bueno o malo cuando calificamos a otra persona guiados por la egolatría con el único propósito de acallar los monstruos que gritan nuestra mediocridad, nuestras oportunidades perdidas o nuestra indolencia. En ese momento no existe motor o camino, sólo ignorancia y desprecio por nosotros mismos y por aquellos que usamos para nuestro propio alivio. ¿Qué alivio merece mirar hacia otro lado? ¿Qué alivio hay en la cobardía de ponerle a nuestros problemas el nombre de otro a modo de bálsamo adulterado?

Al contrario que en todas nuestras relaciones sociales, ahí no somos seres sociales. Somos seres negadores, egoístas, obcecados, invidentes... Con el único propósito, a largo plazo, de seguir haciéndonos daño a nosotros mismos.

"En la vida te encontrarás a muchos gilipollas. Si te hacen daño piensa que es su estupidez la que les impulsa a hacerte daño, así no responderás a su maldad... Porque no hay nada peor en el mundo que la amargura y la venganza. Sé siempre digna e íntegra contigo misma."

viernes, 24 de mayo de 2013

Nadie te va a querer como yo nunca.

Pero, ¿y tú qué sabes, gilipollas? Eso déjame decidirlo a mí.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Acompáñame.

- ¿De verdad que vas a acompañarme?- preguntó él extrañado, mirándola a esos ojos claros.
- Pues claro. ¿Qué te crees?
- Entonces dame la mano y cierra los ojos. Escúchame.

Y, valiente y decidido, se la llevó bien lejos. Le enseñó los secretos mejor guardados de los bosques; la infinidad de criaturas que allí habitaban, entre raíces y ramas, agazapadas y temerosas del aparente odio del ser humano a sus frutos. Ella se aterrorizó al principio, cuando las conoció, a todas, felices de una forma triste, condenadas a permanecer escondidas en los troncos de los árboles, o donde fuera.

Más tarde escuchó atenta sus historias, y se le llenó el alma con la ilusión que todos aquellos seres otorgaban a cada palabra. En sus ojos sintió titilando las emociones, y cómo se derramaban hasta sus labios las sales que habían permanecido en sus adentros demasiado tiempo. Pero siempre estaba él, con su luz, cogiéndola de la mano e impidiendo que se cayera. Guiándola. Tuvo que despedirse de todos ellos, pero prometió que volvería, siempre que la necesitaran, y que los escondería de cualquier peligro, incluso del ser humano, al que temían tanto.

- ¿Y por qué me has pedido que te acompañara? - le preguntó ella cuando se alejaban de los bosques.
- Quería que vinieras conmigo. Que estuvieras aquí.

Ella sonrió de esa manera tan suya, tan gris, y esperó al siguiente destino.

La paseó por los océanos y los ríos, le presentó a las criaturas que habitaban las nubes, y le susurró que había muchas más, que ya ni siquiera salían a la luz, que iban muriendo poco a poco porque se habían dado por vencidas. Ella contempló la Tierra en toda su extensión, y pensó en los millones de recovecos que resbalaban a la mirada de la gran mayoría por culpa del descuido de muchos y el temor de unos pocos. Esos pocos… ¿Y si desaparecían?

- ¿Por qué?

Él no respondió a su pregunta. Simplemente la abrazó y ella sintió todo su calor, allí mismo, y decidió deshacerse de las alas de metal que arrastraba y se sintió libre, entre sus brazos. Y volvió a llorar, esta vez de verdad, aliviándose de ese quiste de tristeza que se le había ido formando en las entrañas.

Y así vio la Tierra también el primer Arcoiris, desperezándose del inesperado nacimiento, mientras la Lluvia y el Sol se abrazaban en silencio. Todavía sale, a veces, cuando el llanto de ella es tan desconsolado que él acude, una vez más, y la mece en silencio hasta que apaga sus penas. Pero ella sonríe. ¿Por qué? Porque les prometió a esas criaturas que volvería. Y cada vez que lo hace y ve que siguen en pie llora, hablándoles así, contándoles que lamenta que sigan vivas sin que nadie más pueda verlas, disfrutar de su presencia. Solamente preguntarse a qué viene este aguacero, si querrá decirnos algo, por qué parece que llueve con tanta fuerza.


NOTA: cuentecillo escrito en 2008 y recuperado hoy de casualidad haciendo limpieza de correo electrónico.

viernes, 3 de mayo de 2013

Antes no lo hacía; pero porque no me daba cuenta de que a veces es necesario. A veces me es necesario pararme a pensar y reconciliarme conmigo. Cuando noto la cercanía de la angustia o la rabia freno mis mecanismos porque ya sufrí demasiado y prefiero quedarme en silencio. Antes apenas me abandonaba al silencio y no hay mejor manera de escapar de estos ratos de esquizofrenia.

He de recordarme a mí misma, una vez más, que en esencia, si me despojaran de todo cuanto conozco, de todos cuanto conozco, sólo quedaría yo misma. Y por eso debo pararme y cuidar mi espíritu, porque al final todo se reduce a él. Todo. Hace meses aprendí que lo más importante es mantenerme sana mentalmente e íntegra, y simplemente de vez en cuando he de recordármelo a conciencia para no caer en una desesperación absurda por una persona que no soy yo.

No.

Entonces tengo que parar.

Cada uno es dueño de sus actos y por eso yo debo remitirme a los míos. Únicamente. Me costó mucho aprehender que mi vida es la única vida que me corresponde. Cuando ya no quede nada, cuando vuelva a no quedar nada, o cuando yo sienta la nada adentro, sólo quedaré yo misma. Ni siquiera seguirán está habitación y esta cama donde acabo siempre sentada mientras me reconcilio conmigo misma. Ni siquiera eso, que ahora parece tan inherente.

lunes, 22 de abril de 2013

Una de las mejores cosas es que hay cosas que sólo nosotros entendemos. Y con ello -y en ello- me quedo.

sábado, 6 de abril de 2013







What the hell am I doing here?
I don't belong here
I don't belong here.

miércoles, 3 de abril de 2013

Algo más allá.

"Tu tío se me ríe siempre, pero yo sí creo que hay algo más allá... Es simplemente lo que pienso."

Y papá se encogía de hombros. En parte me sorprendió; era algo que yo desconocía.

En días como hoy en los que me invade el desaliento y cualquier cosa y cualquier persona no causa apenas motivación en mi ser me acuerdo de ti. No sé por qué. Tal vez porque eres la persona que más me duele y por eso te echo de menos en estos momentos autodestructivos en los que parece que el dolor se acumula consciente e inconscientemente. Te echo de menos. Y no sé por qué me duele tanto hoy. Tal vez porque ayer olvidé el cumpleaños de tu hijo, aquel del que me llegó el germen cinéfilo, y eso me ha hecho pensar en que fue 17 de marzo y no te dediqué diez minutos mirando ese cielo de fuego y rememorando el atardecer de hace tres años en el que pensé que de verdad el cielo se había acabado.

Pienso que contra la ley que marca la vida no hay justicia que valga aunque sea la injusticia más visceral e interna ante la que gritamos, desgarrados, aturdidos, incapaces de aceptar que tenemos que aceptarlo. Que las personas se marchan dejando una huella pesada pero fantasma, pues de repente desaparecen y la vida sigue como si nunca hubieran estado allí.

Vuelvo a sentir ese vacío irreparable en el centro del pecho. Por qué me sigues doliendo tanto. Avanzo por la calle y se me siguen llenando los ojos de lágrimas si me golpea fuerte tu recuerdo y me siento huérfana, huérfana como lo fueron mis padres prematuramente y como nos dejaste a mi hermano y a mí tras tu marcha. Me hacen falta tus domingos por la tarde, tus meriendas a escondidas; incluso me hacen falta las palabras de tus últimos meses, temerosas, infantiles, sabedoras en lo más íntimo de que se estaba agotando algo esencial.

Por qué vuelves a mí con este ímpetu cruel. No lo entiendo, pero llevo todo el día con tu estela en mi cabeza bailando al son de las palabras de papá. En si hay más allá. Porque mientras la música me invade caminando con los ojos arrasados de mar pienso que si hay más allá espero que me estés esperando. Por favor, espérame porque sería un buen motivo para que de verdad exista algo. Algo más allá.


viernes, 29 de marzo de 2013

Despedida.

Se puso su mejor minifalda y se marcó con inusual precisión la raya negra de los ojos. Sólo para mirarlo fijamente unos segundos y que su mirada dijera

No voy a volver a ser tuya nunca.

viernes, 22 de marzo de 2013

Claro que no olvido esa sensación. Él llevaba varios meses deprimido y el trabajo de verano no estaba contribuyendo a mejorar su ánimo. Todo lo que yo intentaba hacer apenas servía porque cuando a uno le invade la apatía se aferra fuertemente a las paredes del cuerpo. Fue frustrante, pero confiaba en que pasar tiempo juntos en parte lo aliviara.

Un día volvió del trabajo y me contó que estaba contento. En mí se encendió una llamita de esperanza y sonreí con él porque llevaba días queriéndolo notar así. Entonces me dijo que había conocido a una chica preciosa, muy simpática y con un nombre exótico y evocador. Se llamaba Arabia, me dijo, y estaba contento por haber tenido ese breve encuentro. Fue en ese momento cuando la llamita creada hacía unos minutos se desbordó y quemó mi sonrisa por completo. No era la primera vez que tenía esa sensación, pero como ocurre con todo en las primeras relaciones ya estaba aprendiendo a reconocerla. En unos segundos mi autoestima se esfumaba, el sentimiento de inutilidad era demasiado inmenso para soportarlo a corto plazo. De repente me convertía en la persona más pequeña del universo y eso él lo sabía pero no importaba porque en ese momento él era feliz porque otra lo había hecho, de alguna manera, feliz. Imagino que experimentamos cierta excitación al salir de la rutina. En cierta parte lo ignoro, pero lo que sí sé es que este pretexto hiere a las personas que tenemos siempre cerca, porque precisamente por estar siempre no nos damos cuenta de que a veces las despreciamos. Obviamente ocurrió más veces. Comentarios en redes sociales, comentarios de soslayo, lenguaje corporal... En fin, el caso es que no olvido esa sensación.

Es precisamente esa sensación uno de los signos que me indican que aún no estoy curada. Porque cuando quiere volver a asomarse mi espíritu eleva la palma de una mano en señal de Stop. Vuelve a mí ese cansancio reiterado que me indica que aún no estoy preparada para experimentar esa sensación, ni tampoco otras que van unidas al mismo contexto. Se me debilita el alma en un instante en huelga. Porque no quiere seguir. Todavía no quiere seguir. Y entonces esos comentarios que minaban mi persona son apenas rugidos del viento que hieren de igual manera pero que no se instalan en mí. Simplemente pasan y me rozan, porque no dejo que penetren a costa de no dejar que penetren otras emociones.

Entonces sé que debajo de tantas y tantas suturas algunas heridas permanecen frescas y el agotamiento es tal que ni siquiera quiero preocuparme por la causa o su justicia. Simplemente dejo a mi espíritu, exhausto, sentado y sumido en la más burda inactividad. Dejando que las cosas lo rocen, lo inquieten, lo lleguen a arañar. Pero nunca sin que atraviesen su piel. Agrietada y anciana, pero firme. Dolorosamente firme.

jueves, 21 de marzo de 2013

- Era una canción chunga, ¿vale? Estaba caminando por la calle escuchándola como tantas otras veces pero nunca había reparado en lo que decía. Hablaba del amor que no es amor, ¿sabes? La cantante gritaba casi desgarrada que la estaban utilizando, que se iba a plantar, que no iba a dejar que volviera a pasar nunca, que iba... que iba-ba a ser fuerte. Fuerte. Lo decía, ¡lo decía varias veces! Que sería más fuerte y más valiente. Creo que decía eso, porque es una canción en inglés y a veces parece que las entiendo pero las palabras dicen algo diferente a lo que yo pienso. Bueno, es igual, es igual... El caso es ese, que la tía estaba jodida, jodida de verdad, y por eso cantaba así. ¿Y sabes en qué pensé? Joder, ¡pensé en mí! En mí y en ti, me cago en todo. ¿Cómo va a ser amor si oigo una canción de una tía puteada y pienso en nosotros? Me sentí horrible por pensarlo, pero no me lo pude quitar de la cabeza. No la volví a escuchar pero resonaba la música, y la letra, en mi cabeza. Dios... No se callaba. ¡No se callaba! Pero, ¿por qué de repente? ¿Por qué no me había dado cuenta antes? Vaya mierda. La tía jodida era yo, ¿entiendes? La que era utilizada, a la que le mentían y a la que le daban hostias por todas partes. Joder, joder... ¡Joder, que era yo! ¡Yo! Entendí que me estabas jodiendo, pero lo peor es que yo me había dejado durante tantísimo tiempo... ¿Lo entiendes ahora? Lo entiendes, ¿verdad? Tienes que entenderlo. La tía de la canción era yo...

Llegó un momento en el que su respiración nerviosa fue más fuerte que su confusa voz. La tía jodida de la canción era ella. Intentó calmarse, pero no pudo. Se miró las manos, encarnadas, cubiertas del rojo más intenso. Casi lo sentía palpitar todavía muerto en sus palmas. Se peinó, nerviosa, llenándose el cabello de esa sangre. Pero, de pronto, sonrió, río, se cubrió de carcajadas. El silencio le había revelado algo.

Había dejado de escuchar esa canción en su cabeza.

miércoles, 20 de marzo de 2013

¿Pero cómo podrán dormir por las noches aquellos que no tienen la conciencia tranquila? Los que manipulan, mienten, controlan, se comportan de manera egoísta y hacen daño a alguien bueno sólo porque así alivian sus demonios. Estoy seguro de que en ocasiones se despiertan jadeando en mitad de la noche y maldicen su suerte porque saben que no van a poder volver a conciliar el sueño. Aunque estén cansados, saben que no van a poder. Que si se despiertan y su cuerpo no da tregua es porque hay algo, o alguien, que pugna por que paguen sus pecados en sesiones nocturnas. Sé que ellos lo saben, Alan. Sé que saben que no se merecen dormir por las noches. Que si se despiertan sin poder hacer un pacto con el descanso es porque no tienen la conciencia tranquila. Y no porque tengan el sueño ligero, o una preocupación en las arrugas de su frente.

Pero eso no te ocurre a ti, ¿verdad, Alan? Sé que tú duermes bien por las noches. ¿Verdad que no te ocurre, Alan?
¿Qué haces que no estás en la cama conmigo?

lunes, 18 de marzo de 2013

No cambia la vida, sino las circunstancias. La vida sigue siendo lo mismo, sigue estando formada por esas partículas de energía que nos mantienen en pie a pesar de las circunstancias.

Sin pretenderlo mis circunstancias también han cambiado. El otoño empezó a teñirlas de castaño y ahora el color es más intenso a pesar de las hojas frágiles que cubrieron las calles. Un brillo pardo ha ido cubriendo con calidez mi invierno y ahora recurro a esos ojos en los momentos en los que necesito compartir mi felicidad o que alguien me ayude a desechar mi rabia o mi tristeza. Unas pupilas para hablar con ellas en silencio, en uno de esos silencios que podemos compartir con tan poquísimas personas.

Ojos de almendra, que les digo yo. El eje ante el cual ahora han cambiado mis circunstancias de la única manera en que pueden hacerlo. Sin pensarlo, sin pretenderlo, únicamente encarando lo que surge y actuando en consecuencia.

Noto cómo se va resquebrajando toda la piel de los parches que cubrieron mis cicatrices. Es una sensación extraña, desconocida, pero sin duda reparadora. Asusta porque aunque estuvieran adheridos de mala manera ayudaban a proteger, aunque fuera la misma máscara para lo bueno y lo malo. Pero me siento viva, agradecida, vencida ante una circunstancia de la que rehuí pero que ahora vuelve. Alguien que no me presiona ni intenta manipularme, que no cree que controlarme las veinticuatro horas signifique quererme y que me respeta, acude a mí, trata de ayudar a repararme aunque cada vez que se caen los andamios sea él el que reciba también el golpe.

sábado, 2 de marzo de 2013

Operación a corazón abierto.

Odio los hospitales. ¿Te acuerdas, Laura? Aquí fue donde me lo dijiste. En medio de toda esta luz artificial. Me miraste con tus pupilas vidriosas y me contaste que ya no aguantabas más, que habías esperado hasta ese momento y que ya no podías más con nada de esto. Cómo llorabas, Laura, mientras yo apenas podía moverme. El eco de tus pasos alejándose acabó en el pitido incesante que testimoniaba cruelmente que todo iba bien. Noté una quemazón en el punto exacto donde esa herida salvavidas me iba a dejar una cicatriz durante el resto de mi existencia. Me dolía el corazón. Los médicos me dijeron que era normal, que mi cuerpo debía adaptarse; pero yo supe que fuiste tú, Laura. Fuiste tú. Esperaste a que me trasplantaran un corazón nuevo para arrancarlo con tus uñas, sano, y llevártelo contigo para siempre.
Observo tu rostro cuando vuelves de trabajar y pienso que lloraría ahí mismo, nada más verte entrar por la puerta, porque no hay dolor que más me duela que el que siento a través de todos vosotros. Cuando pierdes tanto peso como ahora las arrugas de la cara se te hacen más profundas y me enfrento al espejismo de verte más anciano. Quiero creer que es un espejismo. No sé cuánto más durará, pero sé que aguantarás y aguantaremos y por ello si caes encontrarás de nuevos nuestros brazos para amortiguar la caída. Toda la distancia del mundo se recorta en el instante que duran mis temores enterrados en vuestras manos. Por eso sé que pase lo que pase, y llegados ya a este punto, vamos a aguantar todo lo que nos encontremos en este entorno que se ha empeñado en putearte y torcernos la sonrisa mientras nos afila las putas preocupaciones.

Sé que si me obceco en la justicia voy a acabar aturdida, pero a mi pesar es la palabra que me viene a los labios sin cesar cuando me los muerdo para aguantar, firme, como tú me enseñaste, y sonreír y hacer el tonto al verte y darte un abrazo. Porque sólo cuando te oigo una carcajada libero la tensión retenida en el pecho, sólo entonces. Como una alarma que, a pesar de todo, activa repentinamente la esperanza.


miércoles, 27 de febrero de 2013

Hablar siempre ha sido fácil. A veces nos enredamos en las palabras sencillas y no caemos en que nos está arrasando la vida, con o sin ellas. La vida no siempre sigue. No puedes decir que La vida sigue cuando hay hechos que la cercenan, la agotan, la revierten, la cubren de dolor.

Hay vidas deshechas y desamparadas. Hay ocasiones en las que el camino se trunca de manera radical y no podemos hacer nada para combatirlo. Sólo aceptar en silencio la derrota y continuar, sí, pero no sigue la vida. Sigue uno mismo, porque no le queda otra si quiere seguir en esta jungla, pero no sigue esa vida que había tejido con el paso del tiempo. Se rompen los hilos. Y hay que volver a hilar lo que ya se hiló pero con el corazón destrozado y la ilusión mermada.

No es pesimismo, es consciencia de la realidad. Claro que sigue, pero jodiéndonos, cuando no se quiere que lo haga. Cuando todo lo que uno quiere es una paralización eterna, una respiración que dure siempre. El tiempo goteando en la nuca, pero el cuerpo inmóvil, porque la vida ha dejado de seguir. Porque, en esos momentos, sólo en la más estúpida suspensión de todo y de todos hallamos descanso. Sin embargo, hay que seguir. Y ahí está la esencia de nuestra supervivencia. En que estamos obligados a hacerlo.

No es el fin del mundo siempre que se pueda seguir. Pero no es lo mismo, no sigue la maldita misma puta vida. No sigue sin más. Es otra, más descolorida y envejecida, con la que debemos dormir aunque de primeras su presencia pegada a la piel nos hiele la sangre.

21 Grams

martes, 19 de febrero de 2013

Qué le vamos a hacer, hay veces en las que hay que sobreponerse. Dejar de fantasear y tomar consciencia de la realidad para que el delirio no repercuta en el futuro real. No en el que tejemos en nuestras mentes, sino en el que acaba cumpliéndose queramos o no. Qué le voy a hacer, aunque me joda sé que estoy haciendo bien porque no puedo poner en peligro lo que más importa. La familia estará siempre, pase lo que pase.

Ojalá me arrepienta. Ojalá me arrepienta de la decisión tomada porque eso significará que las cosas han salido mejor de lo que todos esperamos.

jueves, 31 de enero de 2013


We're all in this thing together 

Walkin' the line between faith and fear 
This life don't last forever 
When you cry I taste the salt in your tears



martes, 29 de enero de 2013

Noto los ojos cansados, como si tuviera grietas que me cruzaran los párpados y las ojeras. Es un cansancio de esos mudos, resignado, en el que no cabe ni tristeza ni rabia. Sólo agotamiento. Se acumula en mis hombros cada minuto que paso lejos de casa, en constante espera. Me siento exhausta. A punto de decir esa falacia de No puedo más. Falacia porque siempre se puede más. Aunque la tentación de pronunciar esas palabras es un abismo que me va tragando, a cada segundo de inactividad. Pero debe quedar claro. Siempre se puede más.

A pesar de todo este desaliento añadiría a mis pupilas apagadas los pesares de las tuyas, y a mis hombros todo tu peso, pues ahora todo tu ser se encuentra triste. Me cargaría tu espíritu y tu extenuación, tu mirada vidriosa y tu cuerpo inmóvil tapado con una manta en el sofá. Limpiaría tu rostro de paseos a solas en mitad del invierno y de risas forzadas que no son más que el disimulo de tu corazón roto. Quiero que cojas el mío. Quiero librarte de todo sufrimiento y si eso significa extenderlo por mi propia piel lo haré sin dudarlo. Porque siempre se puede más, y yo hoy quiero poder más, quiero poder con tus ojeras, tu lasitud, tu espalda molida y tus lágrimas amargas. Lo quiero todo para mí. Porque quiero que te muevas liviana, grácil, y que por una vez después de mucho tiempo... seas libre. Puedas decir que te sientes libre.

domingo, 20 de enero de 2013

"Pero... ¿qué vale toda una vida sin recrearla en un teatro? Precisamente sois vosotros los actores de esta época."
Bajamos todos a recoger el premio. Sentados en el palco, intentábamos templar nuestros nervios con risas robadas los unos a los otros pero no veíamos el momento de que dijeran nuestro nombre. Nuestro nombre. Ese segundo nombre que habíamos adoptado seis años atrás de la manera más tonta, pero que nos marcó a todos, y a algunos de una manera determinante. Y entonces llegó. Lo dijeron.

- Mención especial a la Mejor Interpretación Colectiva... Grupo de teatro "Tal y Tal", del IES Tiempos Modernos.

Bajamos entre tropiezos y estando allí pensamos, por un fugaz instante, que era una buena despedida. Que a pesar de haber quedado bajo la sombra de los grandes presupuestos y las grandes ayudas que nunca tuvimos, ahí estábamos, desnudos de artificios y ofreciendo todo lo que éramos. Lo mismo que le habíamos ofrecido al teatro. Todo. Toda la piel, toda la voz, todo el tesón en una mezcla mágica que reacciona con las luces de los focos y los aplausos.

Al salir del teatro en esa calurosa tarde de mayo se nos encogió a todos un poco el alma. Desde la última actuación habíamos sentido que el premio iba a ser lo que nos siguiera haciendo sentir unidos, la garantía de que todavía no se había acabado. Pero salimos del teatro y supimos que se había acabado. "Cógela, pero léela cuando estés a solas". Y nuestra directora se marchó tras darnos las cartas con lágrimas en los ojos y con la promesa de volver a vernos. A algunos delante de un café; a otros desde su asiento en el patio de butacas.

Y a quién no le tembló el labio al leerla. Yo sentí que se me escapaba un trozo de vida. El teatro me había dado tanto que el final de todo aquello parecía un mal sueño. El dolor de un mal sueño, que diría Max Estrella. Quedaba la experiencia y la sensación, totalmente auténtica, de que había sido maravilloso. Llegamos niños a un instituto sin teatro y nos fuimos, jóvenes y amigos, dejando a nuestras espaldas dos grupos, más la estela del nuestro, que se habían formado al vernos.

Se quedaron flotando en el recuerdo las frases de nuestros personajes y los sentimientos que sin ellos jamás habríamos experimentado. Se quedó todo lo que crecí, todo lo que aprendí a ser gracias al esfuerzo, la superación y la magia de ocho meses volcados en las dos horas más intensas de nuestras vidas. Gracias al teatro. Todavía hoy siento esa pasión en el estómago, los nervios erizados al recordar la sensación de un telón a punto de abrirse, la sonrisa sincera del final, el cansancio de un trabajo bien hecho. La euforia. Todo ello sigue aquí, después de dos años. Y si sigue aquí... Tiene que ser por algo.


sábado, 19 de enero de 2013

18 de enero.

Hay momentos en los que se empieza a suspirar y se acaba cogiendo todo el aire que se puede. En algunas de esas ocasiones comienzo a notar un calor que me cubre el espacio entre el estómago y el pecho. Aunque esté tiritando esa sensación me calma y me acaba alcanzando también los labios. Y sonrío. Es entonces cuando soy consciente de que no lo estoy haciendo tan mal, porque hasta en el peor momento quedan resquicios de calor en mis adentros. Me siento afortunada por tener gente que permite que en cada bocanada de aire me sienta viva.

Ayer fue un día maravilloso. Se compuso de pequeños detalles que me hicieron sentir no sólo viva sino arropada. Y es en ese sentimiento donde encuentro algo de sentido a mi existencia. Quien quiso estar conmigo lo hizo, a kilómetros o a centímetros, y no pude suspirar más veces y notar ese calor. Suena a tópico barato pero lo que de verdad merece la pena son los detalles que me hacen ver que hago feliz a las personas, que soy importante de una manera similar a como lo son ellos para mí. Después de tres tartas, aires zaragozanos, dispares en esa pequeña familia que hemos formado en clase a falta de la propia y getafenses, una tarde en el cine, Madrid reflejado en mis retinas de nuevo, abrazos amigos y brazos protectores de noche no podía más que limitarme a sonreír.

En el crepitar del fuego de las velas no sólo estaban los que ayer me besaron, sino también aquellos que pese a la distancia quisieron hacerme saber que se acordaban de mí, que los kilómetros nunca son una excusa para el distanciamiento de espíritu. Son tres cumpleaños ya fuera de casa, sin poder reposar el nuevo año cumplido en el regazo de mis padres, pero la soledad no me acecha ni un sólo instante cuando estoy aquí a pesar de que haya gestos que amarguen. Tengo lo importante en la palma de la mano, una vida plena y feliz, propia y escogida, confeccionada por mis torpes pero firmes manos, que me permite coger aire y notar ese calor. Calor de hogar, de equilibrio y de justicia. Un día en el calendario apenas es nada cuando lo importante se tiene siempre.


miércoles, 16 de enero de 2013

mi Annie Hall, mi Gioconda, mi Wendy, las damas primero,
mi Cantinflas, mi Bola de Nieve, mis tres Mosqueteros,
mi Tintín, mi yo-yo, mi azulete, mi siete de copas,
el zaguán donde te desnudé sin quitarte la ropa.

JS.

miércoles, 9 de enero de 2013

A veces sólo se necesita una mirada atenta y la cercanía de alguien que te dice con convicción Todo va a salir bien. Algo tan nimio que asusta. Algo tan necesario que sana los males si tenemos la suerte de que ocurra.

viernes, 4 de enero de 2013

La calle está tan oscura como siempre. Hay algún rezagado que se esconde del frío y a lo lejos veo el humo de una fábrica. Camino tan sola como camino siempre, pero la sensación hoy no es física sino una sensación de adentro.

¿En qué se queda el hogar cuando dejo de notarlo como tal? Cuando la palabra pierde por un momento sentido y se desdibuja en parte lo que hace que lo llamara así. Cuando me siento en tierra de nadie, ni de Madrid ni de Zaragoza, sólo alguien que viene y va y que apenas deja rastro. Que si algún día el va no acompaña al viene no se va a notar demasiado.

Me han vuelto a preguntar esta noche que por qué no celebro mi cumpleaños. He sonreído queriendo disimular que era una de esas sonrisas que amargan, y me he encogido de hombros. En Madrid me pilla de exámenes y aquí... Y sólo me he encogido de hombros, dando a entender que soy una de esas tías rancias que pasan de celebrar su aniversario. Pero mientras me concentraba en el disimulo una voz en mi mente, el tono de mi propia voz que sólo escucho yo, contestaba que hace tres años vine a Zaragoza para celebrar mi cumpleaños y la noche en cuestión mis amigos se fueron de fiesta sin mí. Que se olvidaron, les pasó desapercibido, no le dieron importancia. Y por eso desde entonces vuelvo en silencio, beso a mi familia, pero no tengo ganas de celebrar nada fuera de las paredes de mi casa.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Remanente de supernova.

- Tal vez ahora mamá sea una nebulosa.

Y a mí esa frase me parte el corazón en dos. Me mira con sus ojos castaños y puros y observo que están limpios. Que ya no lloran. Yo sin embargo no soy más que el remanente de la persona que un día debí de ser, restos que apenas aguantan por la personita que me coge la mano con fuerza y lleva horas sin soltarla, desde que la misa empezó. Envidio su inocencia porque le permite mantenerse ignorante de todo el dolor, toda la parafernalia. Los papeles. Las firmas. Las decisiones. ¿De caoba o de nogal? ¿Una frase bíblica en la lápida? ¿Era su mujer religiosa? El nicho cuesta tanto, si deciden incinerarla cuesta esto otro. ¡Oh! Ahora tenemos nichos para urnas de incineración, si me permite enseñarle. Tengo que llamar a tus primos segundos, hijo, que si no luego hay historias en la familia. Más firmas. El papeleo. Cancelar tarjetas. Fotocopias del parte de defunción. Una. Otra. Otra. ¿Querrán que sirvamos algo en el velatorio? Me ha dicho tu tía que no va a poder venir, que no le dejan cambiar el turno. ¿El material de la lápida? De granito es mejor, pero cuesta más. Podemos añadirle más ornamentación. ¿Quiere? Disculpe, señor. ¿Se encuentra bien? Perdónenos, sabemos que es un momento difícil, pero tiene que decidir si...

Qué. Decidir qué.

Ahí plantado enloquezco. ¿Decidir si quiero que mi mujer muera o no? Porque era y es lo único que me importa. No he podido pensar, casi no he podido llorar. Me importan una puta mierda mis primos segundos y los tíos a los que no veo nunca, las historias familiares, el nogal o la caoba, ¡por favor! Es de mi mujer de quien estamos hablando. De su cuerpo aún caliente en mis brazos cuando ya se había marchado. De todas las veces que le hice el amor sabiendo que iba a morir y de todas las risas que le arrancó a nuestra hija como si fueran la última. Hablamos de sus ojos, que ya no brillan, que se han quedado sin luz y por tanto yo camino a tientas. No sé hacia dónde. No puedo más. Necesito respirar y... Muerto estaría descansando, muerto, como ella, como...

- ¡Papá!

Sigue esperando mi respuesta. Me saca de mi ensimismamiento y me doy cuenta de que llevamos horas aquí parados. En esta colina de hierba verde que ahora ampara bajo tierra la mitad de mi vida. Estoy helado, así que ella tiene que estar todavía peor. Pero no me suelta la mano. Sigue apretándomela con fuerza y lo compruebo en sus deditos contraídos. Sus pupilas ahora casi titilan, y me doy cuenta de que está preocupada.

- Dime, hija.

- Pues eso... - balbucea.- Que igual ahora mamá es una nebulosa. En el cole nos dijeron que hay unas que es donde nacen algunas estrellas, y en otras...

Vuelvo la cara. He vuelto a romper a llorar y no quiero que me vea. Ha perdido a una madre, no quiero que piense que a mí también me está perdiendo. Aun así se da cuenta y se abraza a mi pierna mientras lucha por que la voz no se le quiebre del todo. Entierro mi mano en su pelo para que sepa que estoy aquí. Con ella. Con ellas.

-... y en otras estaban algunas estrellas que se habían ido, que se habían extin... extingi-extinguido. Se llamaban, se llamaban, papá...

- Remanentes de supernova, cariño.

- Sí, ¡eso, papá! Remantente de supernova. No me salía porque es difícil, porque me acordaba, papá, me acordaba porque...

- Lo sé, hija.

Llora y pienso que si para mí es una injusticia a ella esa palabra se le queda pequeña. Tan pequeña como su alma de siete años, apenas sin estrenar, sus manos que ahora tanto van a tener que luchar, sus ojos redondos y despiertos. Los ojos que tenía ella. Ella es lo que me queda. La mitad de mi vida.

- Mamá era una estrella, papá. De esas que brillan. Por eso seguro que ahora es una nebulosa. La más bonita de todas...

Nebulosa del Cangrejo (un remanente de supernova)

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Crecer con una persona es maravilloso, y a veces lo hacemos. A veces crecemos con alguien. Compartimos infinidad de momentos y amamos echar la vista atrás y contemplar con timidez nuestra evolución mientras comprobamos que siempre hubo una constante que nos encanta: ese alguien. Pero a veces cruzamos el límite y hallamos una respuesta a nuestro repentino dolor: hemos crecido tanto que hemos dejado a ese alguien atrás. Crecer también implica cambiar. Y a veces en ese cambio se nos va parte de la vida que nos ha sostenido, porque ahora somos diferentes y nos sostienen otras cosas. Dejamos de compartir infinidad de momentos porque ya no son momentos que compartir y nos horroriza echar la vista atrás y observar, sufriendo, que ha desaparecido esa constante.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Tiempo de recuerdos, lo llaman. Por eso el sentir es una mezcla extraña entre paz y desolada nostalgia. Los que tenemos motivos para añorar nos encontramos entre el calor que nos aporta la calma y el frío de echar de menos esa piel amada.

No se entienden las ausencias cuando ocurren, pero en estos días se entienden menos. La calidez del hogar se cuela entre las grietas que se han quedado en las heridas y es un escozor consentido y conocido. Tenemos que afrontar que hay tiempos en los que la incomprensión es mayor, y no hay nada que podamos hacer.

Por qué ya no estás, si antes estabas.

Es tiempo de recuerdos. Algunos mitigados por el paso de los años y otros con los que tengo que lidiar cada vez que me los encuentro en carne y hueso, irónico esto último. Son días de esa alegría familiar de doble filo, que nos encuentra tiritando y queriéndonos curar, a veces, sin darse cuenta, también nos duele.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

- No quiero creer en las señales.
- ¿Por qué?
- Porque para mí nunca se cumplen.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Cuando la rabia estaba a punto de agotarme y no quería acudir a ti para que me vieras llorar una vez más, me dedicaba a borrar tus fotos. Nuestras fotos. Hasta que me quedé sin fotos que borrar. Lástima que con los recuerdos no podía ni puedo hacer lo mismo. Me habría dado igual perder la mitad de mi identidad, que no era más que tuya.

Nos querremos más que nadie para que no corra ni el aire entre tú y yo.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Eskimo kisses.

Alguien me dijo una vez que creía que se llamaban así porque, tan abrigados como estaban por el fuerte frío, sólo les quedaba al aire la piel de la nariz. Y juntaron sus narices a falta de labios congelados.

Pero yo no estoy de acuerdo. Creo simplemente que dos personas en uno de sus besos terminaron por juntar sus frentes y mirarse fijamente a los ojos. Casi de soslayo, con las cabezas ligeramente inclinadas, bebiendo de sus pupilas durante un pequeño instante. Y entonces viéndolas tan cerca rozaron sus narices con lentitud, besándose de una manera diferente y sin dejar de mirarse.

Y, por casualidad y nada más, esas dos personas eran esquimales.

sábado, 8 de diciembre de 2012

"Porque no hay nada peor en el mundo que la amargura y la venganza. Sé siempre digna e íntegra contigo misma."

Persépolis

Me habría encantado equivocarme contigo.

Cuando tus ojos se abrieran desaparecerías. 

Es una putada la experiencia. No la tuya, sino la mía. Porque si no hubiera pasado ya tantas veces por esto tal vez sí accediera a tus arrebatos y a tu cambio de actitud y te diera la rabia que buscas. Pero no. No ahora, no después de tanto cansancio. Y no contigo, no después de decírtelo tantas veces. No después de estos dos años de pura y visceral reinvención, de dejarme las uñas en el yeso de la pared porque tuve que agarrarme a ella para levantarme sangrando y desnuda del suelo, y de mis miserias. Y tú, de testigo.

Sólo accedo al más profundo agotamiento y a la más triste decepción. Lo sabía, lo supe, y por eso te lo dije. En mi mente todo se traduce en lejanía. Hay cosas que pasan y no pasan sin más. Se quedan, para bien o para mal, y trascienden. Sobre todo trascienden.

jueves, 29 de noviembre de 2012

El día comienza mal. No me entero del despertador, el iPod decide joderse justo cuando sonaba una canción que iba a calmarme, me he quedado incomunicada telefónicamente hablando, se me manchan los pantalones, no tengo ni hambre, pero por qué me pasa esto a mí, vaya frío hace, y justo ahora se va Internet, y la de la tienda de Orange me ha dicho que a mí no me puede duplicar la SIM, y qué pocas ganas de seguir adelante con este día y cuántas horas quedan aún...

Pero hay que parar. Pararse y pensar. Si soy capaz de pararme veinte segundos y a mis labios sigue asomándose una sonrisa cuando pienso en lo que tengo, en los que tengo, ningún día malo puede ser tan malo como los días de esas personas que en veinte segundos no son capaces de sonreír.

Además, cualquier día malo puede acelerar, elevarse, doblar la esquina y acabar en mi portal. Alguien dijo alguna vez que lo importante no es cómo empieza; sino cómo acaba.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Cierro los ojos y me obligo a respirar profundamente. Ya viví esta situación en el pasado y, al no ser la calma mi elección, el resultado fue un desastre. No quiero discusiones absurdas ni condenarme a dos horas de escribir o gritar palabras destinadas a un convencimiento que ni siquiera me corresponde a mí. Siempre somos libres de decidir, incluso cuando no queremos que esto sea así. No depende de mí argumentar algo que contradiga lo que se afirma con fuerza. Puedo pensar que no es cierto, e incluso puedo comprobar que no es cierto, pero, ¿por qué tiene que estar en mi mano sacar a relucir esa verdad? Cuando depende de nosotros mismos, nadie debería tener que darnos un toque de atención. La verdad es cosa nuestra, y esperando a que otro nos la señale, empleando para ello medios poco éticos, no es el camino.

Así que cierro los ojos. Ya viví esto y no quiero que se vuelva a repetir, aunque cambie de rostro y de tono de voz. Ya sé que es injusto, negarme a repetir una vivencia porque en mis recuerdos ya tiene el nombre de otra persona, pero si me privara de emplear mis vivencias... Apenas me quedaría nada. Poco a poco intento concentrarme en la calma. Y así me duermo, respirando profundamente, pasándome las yemas de los dedos sobre la rabia para que se suavice y repitiéndome que ser fiel a mí misma implica, en parte, hacer todo lo posible para que no vuelva a ocurrir. Así que cierro los ojos.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Sólo salgo bien en las fotos cuando salgo contigo, decía siempre.

Y tras esa frase sobrevenía una sonrisa, porque le encantaba salir con ella en las fotos. No solían hacerse muchas, pero encontraba que las pocas que se hacían alcanzaban la sencilla y compleja perfección. Dos sonrisas que pasarían desapercibidas para cualquiera pero que para ellos era un sustento. Un modo de vida. Por eso sólo se gustaba en las fotos cuando salía con ella. Cuando salían juntos.

Pero como ocurre con casi siempre la felicidad es corta, aunque en verdad llevara años agotándose. El tiempo se convirtió en una losa que agrietó sus labios y, mientras el alma de ella se iba arrugando, él seguía ensimismando en las sonrisas de las fotos, las del pasado, sin pararse en avivar las del presente.

Cuando te digo que te quiero, porque te quiero, ya no siento que podría morirme con esas palabras en la garganta. He esperado mucho, pero ya no puedo más. He recogido mis cosas. Me voy. Te quiero, de verdad que te quiero. Pero ya no puedo más. Intenta entenderme... Te llamaré en unos días. Cuídate.

Y se marchó dándole un beso fugaz y envenenado en la mejilla. Se marchó y se llevó todas sus cosas, menos las fotos que tenían juntos. Así que él se quedó con las fotos, pero también con la ausencia. Pero en el blanco de los dientes de los rostros de aquellas fotos sólo encontró un vacío oscuro. Se había ido. Podían desaparecer las cámaras de todo el mundo, porque él no iba a volver a hacerse una foto jamás.

A los días, ella lo llamó. Sin respuesta. Volvió a hacerlo, obteniendo el mismo resultado. Preocupada, volvió al piso que compartían aprovechando que aún tenía la llave y esperando encontrarlo ahí. Lo encontró. O al menos creyó encontrarlo, porque no pudo reconocerlo.

Lo que antes había sido su rostro era un amasijo de arañazos sanguinolentos que apenas dejaban adivinar sus rasgos faciales. Horas más tarde, en la autopsia, el forense firmó que el fallecido se los había autoinfligido antes de morir de un disparo en la sien derecha, también autoinfligido. Pero eso ella ya lo sabía. Cuando lo encontró, él agarraba una foto que estaba manchada de sangre de sus propios dedos. En ella salían los dos. Sonriendo. Y por detrás encontró unas palabras en letra temblorosa y dolorida:

Sólo salgo bien en las fotos cuando salgo contigo. Como decía siempre.

martes, 20 de noviembre de 2012

Pues sí, a veces cuando te veo pienso en acercarme. "Hola, ¿cómo te va? Había pensado que podríamos tomarnos algo y hablar de por qué lo fuimos todo y ahora no nos hablamos. ¿Te parece?". Reconozco en tus pupilas esa mirada de infancia y entonces se crean los espejismos. Pero siempre vuelvo en mí y acabo pensando lo mismo.

Si el desenlace iba a ser hacernos daño hasta matar casi todo lo que fuimos, ¿por qué retrasamos tanto ese momento?

Casablanca

domingo, 18 de noviembre de 2012

Sé que te habría gustado verme aparecer de pronto en tu partido esta mañana. Lo pensé y lo pienso. Y a mí me habría gustado ir, aparecer y que me vieras. Pero, al contrario de lo que hago con casi todo en mi vida, no puedo guionizar mis pasos en este sentido. Aquí no sirve si eres buen o mal actor o si el argumento merece la pena, porque si se sigue esa línea es cuando la obra no tiene ningún éxito.

Puede que esté ya recuperada, pero supongo que eso no implica que esté dispuesta a volver a cansarme. Por mucho que lo desee, ando todavía con pies de plomo. Mi supervivencia sigue dependiendo en gran medida de mí misma, y es algo que de momento no puedo cambiar. Primero las curas; luego las heridas.


Volverás cuando estés limpia

Y yo no te haga falta
Gritaré lleno de orgullo
Tu nombre en el andén

viernes, 16 de noviembre de 2012

No puedo negar que se me ha helado la sangre al ver el número en la pantalla del móvil. Pero después de la tensión y la desconfianza del principio me he sentido extrañamente contenta. Una buena conversación siempre viene bien, sobre todo si es tan cercana.

martes, 13 de noviembre de 2012

Trabajar las emociones, encandenar la ira con el placer y el placer con el miedo. El texto da igual, lo que importa es que fluyan, emocionar. Sentir.

Nos convertimos en meros recipientes. Vacíos de cuanto somos, nos llenamos de esas emociones. De lo que nos toca sentir. Compartir un taxi con una persona que acaba aterrándome y susurrándome al oído. Estar nerviosa porque mi novio, una persona a la que por fin quiero tanto como para dar el paso, va a conocer por fin a mi padre, aunque ninguno de los dos sabe que estoy embarazada, ni mi chico sabe que mi padre maltrataba a mi madre. Acabar en un castillo donde los hay que se ahorcan, empiezan a cantar, lloran o cuidan de un muñeco diciendo que es su hijo. Comenzar a respirar de manera acelerada porque no entiendo nada y todo el mundo a mi alrededor parece que está loco.

Todo ello sin salir de la misma habitación a la que ya me estoy acostumbrando. Cada martes y jueves. Sentada en una de las sillas rojas, escuchando y levantándome para dejarme, de algún modo y al mismo tiempo, sentada en esa silla.

Nunca se sabe con una improvisación. En realidad cualquier cosa es posible. Puedo enamorarme o gritar, desesperarme porque mi madre no me reconoce o interesarme por alguien sólo por su dinero. Yo, o lo que queda de mí, que apenas es nada, o que no debería ser nada salvo un catalizador que me ayude a pasar del placer al miedo y encadenar el miedo con el dolor y luego con la ira. Y otra vez el placer. Apenas unos resquicios de lo que fui para construir aquello que debo ser, durante unos minutos. Un recipiente. Un recipiente extraordinario.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Los días tontos en los que se nubla y llueve a ratos activan mis jaquecas. No hay uno que falla, y menos en Otoño, cuando son más abundantes. Sin embargo, abanderada de esta estación como soy, me encanta este tiempo tonto. Entre vulgar y ambiguo, una llamada a los nostálgicos del calor y los amantes del frío. La tierra de nadie de las estaciones.

Esas jaquecas me sirven de excusa para escribir remiendos y para enchufar la ducha y meterme debajo de agua casi hirviendo. Pienso que el calor me alivia y me limpia las impurezas que me han llevado a esa mueca torcida tan otoñal y paradójica. Debajo del agua caliente me permito un santuario de intimidad y desconexión que apenas dura porque -a quién intento engañar- mi mente sigue funcionando a pesar de mis intentos de ahogarla.

Intento que con el jabón se vayan mis miserias, las arrugas que se traducen en mi piel a través del alma, las palabras que escuecen. Pero no es posible. Sólo se va el tiempo, en una mezcla acuosa e inquietante que se lleva parte de mí por el desagüe. Pienso que todo se va, con mis instantes de vapor, pero en realidad se quedan conmigo. Con una soñadora de piel tiritante y mojada, a la que con más días que pasan más anquilosados, y gastados, se quedan los sueños. Sobre todo si es otoño, y tengo jaqueca.

Il deserto rosso

sábado, 3 de noviembre de 2012

Apoyados en la pared, compartiendo un peta de manera improvisada. Ella con la mirada perdida y él con la misma frase en los labios, intentando reunir el valor de soltarla. Fuman, ríen y hablan con calma, postergando el momento de aceptar que de esa chusta ya apenas se puede sacar nada. Entonces él, en mitad de una conversación cualquiera, se lo dice, y ella le quita el canuto de los dedos, con dulzura, se lo lleva a los labios, con deseo, y aspira creando un silencio de humo verde.

- No me puedes pedir eso. La primera vez tiene que ser especial, lo recuerdas siempre.
- Pero quiero que sea contigo. ¿Por qué no? Estoy aquí, a gusto, y estoy seguro de ello. No me mires así, la droga no tiene nada que ver.
- De verdad... Quiero que follemos, pero no quiero que sea así para ti. Tienes que estar seguro de que repetirás con la persona con quien tienes sexo por primera vez. Estrenarse enamora un poquito, no te descojones, te lo digo en serio. Es un vínculo extraño, pero está ahí. Yo creo que aún me sigo enamorando un poco de los tíos que me tiro, y sin ser la primera vez... Busca una que te pueda querer. Pero quererte de verdad.

Es él quien le quita entonces el cigarro de los dedos. Se recrea en el contacto de las yemas unos segundos, los suficientes para que todas las pieles ahí se ericen. Todas. Fuma sin apartar las pupilas de ella y retiene el humo antes de soltarlo. Entonces se acerca, la coge de la nuca y mientras acaricia su pelo pega sus labios a los de ella y le regala el humo que había estado guardando.

- Quiero que seas tú.

Y el humo se agota. Se quedan quietos, un segundo, y la besa, lentamente. Mientras el humo de la marihuana se disipa, poco a poco, y sus cuerpos se encienden, creando una atmósfera única. Una de esas atmósferas que sólo la hierba y el sexo te pueden dar.

martes, 30 de octubre de 2012

La clave es acostumbrarse a tener dos vidas. No la doble vida de un agente secreto de película cutre o de ninfómano profesor de colegio, sino dos vidas. Dos. Cada una con sus cosas, su gente y sus días, sus espacios y sus rutinas. Cuando me acostumbré a tenerlas dejé de sufrir por que mi gente estuviera separada por una brecha que no podía llenar ni con palabras que explicaran la vida desconocida del otro lado. Por eso ahora es tan extraño cuando se me juntan y me hallo en el mismo plano con personas de las dos vidas. Se me hincha el alma porque por fin puedo permitirme no deshacerme en palabras que no servirán de nada sin un golpe de vista, pero al mismo tiempo me aterra una invasión excesiva.

Mi Madrid se queda en Madrid y lo mismo ocurre con Zaragoza. La independencia de una se compensa con la tranquilidad balsámica y conocida de la otra. Los paseos por una Gran Vía helada conmigo misma con las tardes sepultada bajo la manta de siempre viendo películas con mi madre. Mis idas y venidas a teatro o a francés por las calles de Getafe con la cerveza y el futbolín del bar de siempre con ellos, los que puedo llamar los de siempre. Un alma de doble cara, pero cohesionada en torno a la idea de que no puedo permitirme ser otra persona por tener dos vidas. Siempre la misma, que no la de siempre.

martes, 16 de octubre de 2012

A esto me refería con el distanciamiento. ¿Crees que me es fácil? ¿Que me ha sido fácil?

Ni siquiera me es fácil escribir sobre ello.


miércoles, 10 de octubre de 2012

Fue la mentira más grande de mi vida. Una marcha siempre duele. Siempre implica un cambio. Y un cambio siempre tiene doble filo. No puedo evitar sentirme en noches con la guardia baja anquilosada, fotografiada en blanco y negro en una realidad que hace mucho que se fue y que quiero que deje de dirigir mi vida. Estoy estancada. Limitada. Pero para nada desengañada. Nunca hubo engaño. En mi fuero interno sé que lo sabía. Sé que lo sabíamos. Nobody said it was easy. Y a pesar de todo,

Oh, let's go back to the start.


miércoles, 3 de octubre de 2012

Placer.
Dolor.
Ira.
Miedo.

Anoche con Blanca se me escapó un dato. Las emociones que, digo, faltan en mi vida no me aguardan en una persona, en una nueva relación, en un suspiro compartido. No tienen por qué estar ahí. Y hoy las he encontrado. Quién iba a pensar que simplemente iban a estar en el Teatro.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Sólo alcanzo a musitar que ahora es cuando la distancia duele más. Porque comienza siendo una constante para mutar en circunstancias como estas a una completa sensación de inutilidad. Quiero estar ahí aunque no pueda hacer nada, aunque parándome de pie donde he estado siempre sólo me salga dejar a la rabia precipitarse a través de mis ojos. Aunque ya no sepa de dónde sacar  las fuerzas y el universo se torne de repente un ser huraño y cruel. Prefiero eso a coger un autobús en silencio y que cada kilómetro que me aleja del problema sea una astilla que me infecta más y más la herida. No me importa el silencio que va a cumplir ya 21 años; me importa no estar ahí ofreciendo mis pupilas, titilantes, para que bebáis de ellas como yo bebo siempre -siempre- de las vuestras.

Aquí en Getafe no salgo de la espiral de susurrarme que no es justo. Que quiero que se acabe ya este fantasma que nos ha acosado siempre y que nos acrecienta el dolor cada vez que se alza inabarcable y nos engulle. Una y otra vez. Cuando lo que debería hacer es estar ahí. En pie, como siempre, aunque el alma implore caer de rodillas y rendirse ante esta reiteración tan dolorosa. Sintiendo cada latido como un toque de atención, un recordatorio de por qué tengo esta sangre y no otra. Siendo parte de vuestro soporte. Igual que vosotros sois y seréis siempre el mío.


lunes, 24 de septiembre de 2012

La señal de un beso que debería aterrizar en la mejilla y finalmente acaba en la comisura de los labios.

domingo, 23 de septiembre de 2012

martes, 18 de septiembre de 2012

Eres la persona que mejor me trata del mundo. Que más paciencia tiene. Que más intenta entenderme y apaciguarme. Eres el único que se ha puesto el despertador a las ocho de la mañana para darme los buenos días en un día que se avecinaba difícil. El único que se queda despierto mientras yo veo películas de esas raras mías para hablar conmigo antes de que durmamos.

Te conozco mejor que muchas personas. Puedo bucear en tu mente y saber qué pasa por tu frente arrugada, o interpretar los caracteres de una supuestamente sencilla conversación de WhatsApp para saber que algo no anda bien. Has conocido mis últimos momentos de niñez, mi adolescencia, mi entrada en la vida adulta, mi marcha, mis instantes ancianos. Las tristezas más profundas que me han asolado y te han hecho decirme Voy a pillar dos litros, y nos vamos esta noche al parque. Mis ratos de euforia, mis primeras veces, los dolores de corazón que siempre llevaban el nombre de Otro.

Formas parte de mi existencia de esa manera que casi sentimos inherente a la propia respiración. No quiero que nada te duela, y ojalá pudiera hacerte el hombre más feliz del universo. Porque eres un hombre, a pesar de tus reflejos de niño en tus ojos azules; un hombre que me abraza con sus casi dos metros de una manera que me hace sentir eternamente segura. Te quiero de esa manera que sé que va a durar siempre. Siempre. Porque eres consustancial a mí y a mi recuerdo como sé que lo serás al resto de mis días, de una manera u otra.

Eres la persona que mejor me trata del mundo. Y ojalá yo pudiera ser lo que esperas, lo que gritan tus adentros, lo que es imposible de construir forzando el mecanismo. Ojalá, pero, pase lo que pase... Espero que no me sueltes nunca.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Mis caminos a casa son distintos. Hace poco más de un año volvía atemorizada, mirando en todas direcciones, con paso inseguro pero rápido. Ahora ya lo hago más calmada. Ha pasado el shock inicial. El impacto inicial. El hueco que se abrió en mi mano cuando resultó que tenía que caminar sola. Sin unos dedos largos y ásperos a los que aferrarse como protección. Me tuve que acostumbrar a recorrer el camino de madrugada hasta mi casa de manera incompleta, susurrando pensamientos vagos en mi mente, sin una conversación que la llenara. Ahora ya no me da miedo. Se ha convertido en algo rutinario. En una constante. Ya me he acostumbrado a dejar de volver acompañada, que no a tener que volver sola. Como supongo que se acostumbra el alma a días como este. Tímidos, a ratos vacíos, lejanos, repetidos. Sin apenas esa esencia que antes me mantenía llena de vida.

sábado, 8 de septiembre de 2012

- Qué bien hueles. ¿Qué colonia llevas?
- Una de verano que me gusta mucho.
- Qué curioso...
- ¿Por? ¿Es la misma que la tuya?
- No. Porque vas perfumada de verano y sin embargo siempre eres invierno.